Vida digital, urbana y clima

En el momento en el que decisiones importantes se tomarán respecto a los Acuerdos de Paris por parte de Estados Unidos, en la era de Trump, es indispensable recordar que la economía digital debe ser una de las palancas para la transformación de nuestro modo de vida en nuestras ciudades y territorios frente a la urgencia del clima

 

Esta semana se celebra en Montreal la conferencia internacional sobre la economía de las ciudades digitales, organizada por la Asociación de las Ciencias Administrativas de Canadá (ASAC por sus siglas en inglés). En unas semanas, tendrá lugar en Montreal, la XII conferencia mundial de las grandes metrópolis, Metrópolis, bajo el lema “Desafíos globales: metrópolis en acción”. Se trata de dos eventos que contribuyen a profundizar en la reflexión sobre las mutaciones urbanas de hoy en día, y las que están por venir. La reflexión que voy a compartir en Montreal, concierne al lugar que la economía digital, y lo digital en general, juegan a día de hoy, respecto a la vida urbana. Además de las consideraciones vinculadas con los desarrollados acelerados de la tecnología, me es indispensable señalar, una vez más, la alarma respecto al principal desafío de nuestro planeta, el cambio climático, en el que la vida urbana participa de su amplificación.

Este último fin de semana de mayo, han comenzado los grandes calores en Francia. En algunas horas, hemos visto aparecer centenares de “piscinas verticales”, y al mismo tiempo, su viralización a través de las redes sociales.

Ya hemos tenido la ocasión de seguir después de largos años las débiles señales del crecimiento de esta acción incívica urbana: romper las bocas de incendio para uso de los bomberos, para dar lugar a estos “geisers”, en virtud de refrescarse. Al otro lado del planeta, Dacca, en Bangladesh, una de las “fábricas del mundo”, proveedor de mano de obra barata en la industria textil para las grandes marcas del mundo, fue casi paralizada por el pánico de 30 000 obreros que se retiraron de su lugar de trabajo llevando al cierre de 18 fábricas.  ¿La causa? 500 trabajadores enfermaron en una sola jornada, de los cuáles 400 fueron hospitalizados debido al gran aumento del calor. Por supuesto, la fatiga y la malnutrición vienen a amplificar el impacto de las condiciones climáticas en detrimento de la salud de los trabajadores.

Hace poco, estuve en Sri Lanka, en la zona oeste y sur de la isla, con la ocasión de una acción de reflexión sobre el impacto del cambio climático, la vida urbana y la conservación del patrimonio histórico, en esta parte del mundo. ¡Tristes noticias, esta semana en esta zona, que ha visto llegar el peor Monzón en 15 años, con el desgraciado balance provisional de 200 muertos y al menos 300.000 desplazados!

El Este de África, ha tenido que hacer frente al comienzo del año 2017 con una fuerte inseguridad alimentaria que afecta a más de 20 millones de personas, con importantes consecuencias en lo que respecta a fuertes tensiones sociales por la combinación de la subida de temperaturas y la escasez de precipitaciones.

En Buenos Aires, hace pocas semanas, la alerta roja fue declarada con motivo de fuertes calores, con una temperatura que rozaba los 40ºC. La última vez que esta alerta roja se activó fue en 2013, cuando la temperatura alcanzó los 47ºC. Una ola de calor que afectó a 52 ciudades de Argentina, le peor desde 1906.

Podemos continuar haciendo un tour alrededor del mundo con la constatación de esta situación que no deja de agravarse año tras año. El cambio climático es una realidad que constituye una amenaza principal. Es un desafío de supervivencia para la humanidad en el horizonte de las próximas décadas.

La hoja de ruta de lo digital en nuestras vidas urbanas, que debe ser liderada por los alcaldes de todo el mundo, de norte a sur, de este a oeste del planeta, sea cual sea el tamaño de las ciudades, debe voltearse, sin lugar a dudas, sobre las acciones que puedan aportar su contribución a la lucha contra el cambio climático.

Nos encontramos en un punto de inflexión respecto a las acciones tomadas. En el momento en el que decisiones importantes se tomarán respecto a los Acuerdos de Paris por parte de Estados Unidos, en la era de Trump, es indispensable recordar que la economía digital debe ser una de las palancas para la transformación de nuestro modo de vida en nuestras ciudades y territorios frente a la urgencia del clima.

 

El siglo de las ciudades, es al mismo tiempo el siglo de la ubicuidad con esta doble constatación:

-       El mundo urbano productor esencial de riqueza, se ha convertido también en un mundo productor-consumidor masivo de datos en tiempo real.

-       La vida urbana convertida en “servicial” es atravesada por nuevos usos y servicios, portadores de nuevos modelos económicos a partir de las plataformas digitales.

 

Es indispensable proyectarse en el horizonte de los 10 próximos años, si queremos que la tecnología vaya más allá de una ciudad digital, sin alma y paradójicamente desconectada de la prioridad de una ciudad sostenible, resiliente y viva.

En 2020, mañana prácticamente, el 5G se desplegará en nuestras vidas urbanas, aportando una nueva ruptura respecto a los usos y servicios de lo digital. Con una capacidad al menos 100 veces superior a la que tenemos a día de hoy, esta conectividad permitirá, por ejemplo, descargar el equivalente a 30 películas en apenas unos pocos segundos, con una fiabilidad del orden del 99,999%. Es una nueva ruptura que se perfile en el horizonte, con la emergencia de arquitecturas distribuidas, que en convergencia con el crecimiento de la potencia de los “Smart devices”, abrirá otras posibilidades en todos los campos de la vida urbana. Con el desarrollo de técnicas algorítmicas basadas en la inteligencia artificial, el “Deep learning”, el “Data science” es un poder nunca visto al servicio de los ciudadanos.

Si queremos evitar ir hacía la masiva “zombi-geekfication” de los usuarios hyper conectados, pero socialmente desconectados, se hace esencial echar una mirada sobre una hoja de ruta urbana

 

Posibilidades inmensas se abren ante nosotros, en todos los dominios de la vida de nuestras ciudades. La conectividad de los objetos, el IoT, entrará en una nueva era con el IoT  masivo en tiempo real. La simulación digital, realidad virtual, realidad aumentada, la hibridación de las redes de los objetos y los usuarios, tomará una nueva dimensión.

Esta es por tanto una oportunidad, al igual que se produce en todos los saltos, para imaginar los servicios en función de nuestras prioridades. Si queremos evitar ir hacía la masiva “zombi-geekfication” de los usuarios hyper conectados, pero socialmente desconectados, se hace esencial echar una mirada sobre una hoja de ruta urbana. Estará en el primer plano del redescubrimiento de la vida de una ciudad vibrante, que tendrá en su corazón la batalla por el clima, para volver a dar un espacio clave a la biodiversidad y a la naturaleza, poner al ciudadano en el centro de la vida urbana con el fin de ser frugal y ahorrativo en los recursos, en particular, en la energía.

Es un imperativo imaginar hoy, cómo esta nueva ruptura tecnológica deberá ser puesta al servicio de un compromiso sin fisuras para una ciudad humana, viva, sostenible, resiliente, a fin de poner todos los medios para el combate diario en lucha por el clima.