Tzvetan Todorov, adiós al pensador humanista

Traducción: Guillermo Mas

El pensamiento profundamente humanista de Tzvetan Todorov es un bastión contra los deseos aislacionistas, proteccionistas e identitarios

Carlos Moreno

 

Tzvetan Todorov, un gran filósofo humanista, quien ha sido considerado como un historiador de las ideas, ha fallecido en París a la edad de 77 años. Su vida, su trayectoria, su obra, su “observador comprometido”, de hombre libre, de pensador de la libertad, su mirada sobre sí mismo y sobre los demás, su apertura frente al mundo, su defensa intransigente de la fuerza de las ideas para hacer frente a los totalitarismos, a la mediocridad, su creencia profunda en la calidad del ser humano para resistir frente a los obscurantismos, a los extremismos… Todo ello hace de él un hombre que ha marcado profundamente con su impronta el pensamiento humanista.

Rendirle homenaje es también hacer referencia a su pensamiento frente a los desafíos de hoy. En 2012, en su texto Los enemigos íntimos de la democracia nos recuerda —con una actualidad como la de hoy— que nuestras sociedades han engendrado amenazas como el ultraliberalismo y el populismo, que ponen en peligro, desde el interior, nuestras sociedades. En 2015, en su obra Los insumisos —y por casualidades del calendario, reeditado este mes en Francia, edición de bolsillo—, rinde homenaje a lo que él creía profundamente, es decir, la encarnación de las ideas en hombres y mujeres que han decidido de resistir frente a los totalitarismos, a la dictadura, a la manipulación de los espíritus, a la negación del género humano y al maniqueísmo: Etty Hillesum, Germaine Tillion, Malcolm X, Nelson Mandela, Boris Pasternak, Alexandre Soljenitsyne, Edward Snowden.

Nacido en Bulgaria en 1939, vivió directamente el totalitarismo comunista antes de venir a Francia, donde llegó a los 24 años. Nacionalizado francés en 1973, Doctor en psicología, teórico de la literatura, en particular la fantástica, semiólogo, consagró su trabajo al humanismo, a la alteridad, el yo, los otros, los nosotros, la defensa de la democracia y de la diversidad de culturas e ideas.

“Tras haber cruzado las fronteras por mí mismo, he intentado facilitar el paso de los demás. Fronteras entre países, lenguas, culturas… pero también entre lo banal y lo esencial, lo cotidiano y lo sublime, la vida material y la vida del espíritu”.

La colección de sus ensayos escritos entre 1983 y 2008, publicados bajo el título La firma humana, explicita este pensamiento que se construye analizando la mirada de los demás, evidentemente coloreado por su itinerario personal, fuertemente marcado por el altruismo: “la inmortalidad que vale la pena: los otros que viven en nosotros, nosotros que vivimos en los otros”. En este marco del pensamiento humanista, frente a la inquietud y las amenazas de todo tipo a lo largo de la historia, nos muestra que la condición humana, la autoconstrucción, está hecha de reencuentros, de cruces que permiten forjar una obra: “Yo he vivido sin duda con la convicción de que la condición del ser humano está marcada por sus encuentros con los demás”.

Tzvetan Todorov ha acuñado el concepto de trabajo sobre la memoria, el cual prefirió frente al deber de memoria: “en sí misma, la memoria no es algo bueno o malo. Todo depende del uso que se le dé. Los peores crímenes se han justificado apelando a la memoria. Hitler ha utilizado la humillación sufrida por Alemania en 1919 para justificar su empresa.” Entre la sacralización y banalización, nuestra actitud ante el pasado debe ser ante todo la capacidad de mantener una memoria viva para afianzarse a actuar en el presente, no con un espíritu de venganza sino para continuar construyendo una identidad colectiva: “reconocer el derecho de la persona humana a la dignidad forma parte igualmente de la concepción moderna de la justicia, esto se debe a que ningún recuerdo del pasado puede justificar la legalización de la tortura, que es un negación de la dignidad… La vida pierde frente a la muerte, pero la memoria gana en su combate contra la nada”.

El pensamiento de Tzvetan Todorov, —que ha escapado a las etiquetas—, es de total actualidad en un momento crucial de nuestra historia, donde los autoritarismos, populismos, demagogias, amenazan por todas partes con su gran exclusión, con reflejos identitarios, de rechazo al otro, de recogerse sobre uno mismo, y también de violencia de todo tipo. Él nos advirtió contra el crecimiento de los extremismos, y sobre la incapacidad de las democracias modernas de encontrar una expresión humanista al servicio de una identidad colectiva, respetuosa del multiculturalismo y de la diversidad. Nos recuerda la importancia para nuestra democracia de forjarse una identidad en Europa. De recordar que esta emerge del contacto con los dos totalitarismos que la han atravesado, el comunismo y el nazismo. Nos interpela sobre la necesidad de una urgente y profunda renovación de la democracia, que está al orden del día aún más en la situación presente de desigualdades crecientes: “esta es una página que debe ser bien leída antes de pasarla definitivamente”.

Tzvetan Todorov denuncia una democracia que se desnaturaliza cuando no está en capacidad de garantizar el pluralismo de los poderes, la diversidad de las culturas y de las ideas que aparecen, cuando se multiplican los espacios de vida de la sociedad donde la presencia democrática se diluye o ya no existe. Denuncia además el abuso del término libertad, por ejemplo después del 2011 cuando se convierte en el estandarte de los partidos xenófobos europeos, y donde considera que son un peligro para la democracia: “no se ve amenazada por los que presentan abiertamente como sus enemigos del exterior, si no los del interior, por sus ideologías y los movimientos que se dicen entre sus defensores”.

El pensamiento profundamente humanista de Tzvetan Todorov es un bastión contra los deseos aislacionistas, proteccionistas e identitarios, que hacen de la inmigración y del extranjero los chivos expiatorios de los cambios sociales y de la situación de crisis que atravesamos: “el modo de vida de los franceses ha cambiado de manera espectacular en el curso de los últimos 100 años, sobre la presión de numerosos factores, como el declive de la agricultura, el crecimiento de la urbanización, la emancipación de la mujer, el control de la natalidad, las revoluciones tecnológicas y la organización del trabajo. Los contactos con la población extranjera, en este sentido, son un factor más bien marginal”.

Totalmente convencido de que el altruismo y el tomar en cuenta al otro son la clave para comprender y transformar el mundo, terminamos este homenaje con estos términos que Tzvetan Todorov nos ha legado para continuar irradiando un pensamiento humanista: “Todos somos habitantes de la Tierra, estamos involucrados hoy en día en la misma aventura, condenados a un éxito o fracaso común. Aunque cada individuo es impotente frente a la enormidad de los desafíos, esto sigue siendo cierto: la historia no obedece a formas inmutables, la Providencia no decide nuestro destino y el futuro depende de las voluntades humanas”.