Smart Cities: amenazas y debilidades (Parte II)

En mi último post señalaba algunas preguntas sobre la legitimidad y la problemática de los “servicios inteligentes” que una smart city puede ofrecer. Son cuestiones que dan para un extenso debate, pero son sólo una fracción de los debates alrededor de las ciudades inteligentes. Sin embargo, existen otras amenazas que han de hacernos reflexionar sobre cómo enfocar el futuro de las ciudades inteligentes.

Hace unos meses Paisaje Transversal publicó una entrevista a Saskia Sassen, la ganadora del último Príncipe de Asturias de las Letras. En esta entrevista, Saskia habla de la imposibilidad de tratar la ciudad como un problema que se pueda resolver, como parece deducirse  del discurso de muchos “tecnólogos” cuando hablan de la ciudad.

Saskia, al igual que otros grandes “urban thinkers” como Usman Haque, Anthony Townsend o Martijn de Waal, recuerdan permanentemente que las soluciones que se aporten para mejorar la ciudad siempre tendrán un contenido político detrás y alertan del peligro que supone maquillar estas decisiones tras una cortina de “Big Data” que justifique una decisión u otra.

Obsolescencia como amenaza

En esa entrevista, Saskia Sassen también habla de una amenaza a tener en cuenta: la obsolescencia. Recientemente he visto una película en la que aparecía un monorraíl construido en los 70 que cruza toda la ciudad. En aquel momento parecía una gran idea, pero con los años quedó demostrado que provocaba sombra sobre la ciudad, que las reparaciones en altura eran costosas y otra serie de inconvenientes. Quizás hubiera sido mejor esperar.

Lo mismo sucede con las pasarelas subterráneas construidas hace medio siglo: fueron refugio para dormir, para drogarse, para graffitear… en definitiva, una mala idea. Si trasladamos estas cuestiones a la tecnología en la ciudad, ¿podemos confiar el futuro de nuestras ciudades a IBM, Cisco o Microsoft? ¿Quién asumiría el descalabro económico que una obsolescencia demasiado temprana puede traer consigo?

Error en la estrategia como debilidad

Esto nos lleva a otra debilidad de las smart cities, comentada en varias ocasiones por Manu Fernández (autor de ciudadesaescalahumana.org y una de las personas más recomendables en cuanto a opinión sobre smart cities y ciudades en general): el error en la estrategia de estas ciudades.

El caso de Cisco es paradigmático, ya que ellos siguen apostando fuertemente por la tele-presencia. Esto no es más que una gran webcam instalada, no sólo en todas las televisiones de la casa, sino también en otras habitaciones, despachos, oficinas, etc. Yo personalmente lo veo una estrategia poco fiable, pero ellos siguen apostando por ello en New Songdo. ¿Qué pasará si en 20 años realmente no ha funcionado dicha estrategia y ya no es rentable para la empresa?

Rentabilidad para empresas proveedoras

Y para terminar, la debilidad que puede ser la clave en el medio plazo de las ciudades inteligentes: ¿cuánto van a facturar las ciudades a las empresas proveedoras de hardware y software? Si las ciudades tienen un “consumo” de tecnología acorde a sus necesidades actuales, (muy alejadas de las que pretende Cisco que tengan los ciudadanos de New Songdo) posiblemente se reduzca a unos cuantos proyectos que busquen maximizar la rentabilidad de algunos servicios (como los sensores en los aparcamientos públicos), a otros que reduzcan las facturas (como la iluminación inteligente) y a unos cuantos más de gobierno abierto y “open data”, si es que creen que la eficacia en la Administración ahorra dinero a medio/largo plazo.

Cuando eso ocurra, las ciudades inteligentes seguirán siendo igual de interesantes para los urbanistas, sociólogos, administraciones etc., pero quizás dejen de serlo para las empresas privadas que verán (que pueden ver) cómo el sector de las ciudades inteligentes es mucho menos rentable de lo que parecía unos años antes.

De momento, yo sigo igual de expectante, confiando en que las smart cities nos acerquen más al ideal de ciudad eficiente, democrática y, por extraño que parezca, a una ciudad más humana.