Smart Cities: amenazas y debilidades (Parte I)

Como ya expuse en mi anterior post, actualmente hay varias posturas sobre el  término smart city  o ciudad inteligente. Básicamente, la diferencia está entre:

  • Quienes le dan más importancia al uso de las nuevas tecnologías en la ciudad.
  • Quienes opinan que lo importante es crear nuevas maneras de participación urbana y de gestión de la inteligencia colectiva.

Pues bien, pensando en la ciudad tecnológica, he recordado algunas cuestiones que me hicieron plantearme el peligro de ligar el futuro de nuestras ciudades a la tecnología o a ciertos usos de la misma.

Hace unos meses estuve en una conferencia donde participó Jean-Louis Massaut, Director de la división Smart+Connected Communities de Cisco Systems. Comenzó su intervención explicando que como líderes mundiales en servicios relacionados con Internet, Cisco está interesada en que el tráfico en la red siga subiendo y por tanto, las smart cities son una gran oportunidad para ellos. Nada que objetar, si todos lo aceptamos y sencillamente usamos más servicios online voluntariamente.

Dependencia tecnológica como debilidad de las smart cities

Sin embargo, durante la conferencia en la que se proyectaba la vida en New Songdo, quedaba patente algo: todo el mundo en dicha ciudad tendría una dependencia de Internet en general y de los servicios de Cisco en particular, muchos de los cuales serían de pago.

Por poner algunos ejemplos: geo-localización de los niños mediante brazaletes GPS y cámaras en las zonas de juegos en la calle; información en tiempo real de tráfico, parkings, etc; plataforma online de salud donde contactar con médicos y consultar las últimas recetas prescritas a la familia; lo mismo para el sector educativo etc.

Y es aquí donde empieza el problema: ciudadanos particulares gastando en servicios “adicionales” para la ciudad, ideados por una empresa privada en colaboración con la Administración. ¿Pero qué pasaría si un ciudadano se niega a seguir la corriente tecnológica en la que está metida “su” ciudad? ¿Hasta qué punto es legítimo que mejoras en campos como la salud y la educación sean ofrecidos como un servicio de pago adicional y no como un avance para todos los ciudadanos? ¿En qué momento será imposible negarse a aceptar esas “nuevas necesidades” en las que ya están trabajando los profesionales de las smart cities?

Estas debilidades político-sociales son evidentes, pero no conforman la mayor de sus amenazas. En mi opinión, sus mayores amenazas estarán relacionadas, como no, con el dinero. Pero ese es otro tema del que ya hablaremos en el próximo post.