Mejores ciudades para el 2017

Termina el año 2016. Un año que pasará a la historia por muchas cosas. Muchas son las personalidades de carácter mundial que nos han dejado este año, pero también muchos son los hitos históricos que han visto la luz durante este año 2016.

Desde el punto de vista de las ciudades, este año ha supuesto un antes y un después en lo que a desarrollo urbano sostenible se refiere. Nunca antes se había hablado tanto de las ciudades, de cómo las habitamos, de cómo las hemos gestionado y las estamos gestionando, o de cómo serán en los próximos 15 años. Las ciudades, esos espacios complejos que ocupan un 3% de la superficie del planeta, pero que son la fuente de empleo, servicios básicos, hogares y espacios de vida para más de 3500 millones de personas en todo el planeta.

Si en el año 2015 veía la luz la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, donde se recogen 17 objetivos para el desarrollo sostenible, en el año 2016, ha tenido lugar la tercera conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible (HABITAT III), que se celebra cada 20 años (como ya se hizo en 1996 en Estambul y en 1976 en Vancouver) y que en esta ocasión ha tratado sobre el objetivo 11 de dicha Agenda 2030: Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilentes y sostenibles.

HABITAT III ha marcado además un antes y un después en materia de desarrollo urbano sostenible, pues ha dado a conocer la Nueva Agenda Urbana o Declaración de Quito sobre Ciudades y Asentamientos Humanos Sostenibles para todos. Una hoja de ruta que, a pesar de no tener un carácter vinculante, ha sido firmada y apoyada por más de 150 países. Dicha Agenda responde a una necesidad clara de afrontar los problemas de sostenibilidad ambiental, de desigualdad urbana y de ordenación del territorio que en los últimos 20 años no se trataron de manera efectiva.

El pacto de Ámsterdam supone un hito histórico, pues han sido necesarios más de 20 años para poder crear una agenda común a nivel de la UE

 

Así mismo, a nivel europeo, el 2016 nos deja “el pacto de Ámsterdam”, firmado el pasado mes de mayo, donde quedan reflejadas las líneas guía a seguir por las ciudades europeas y donde queda definida una mejor coordinación, una mejor financiación y un mayor y mejor conocimiento de los desafíos urbanos a afrontar en los próximos 15 años. En definitiva, una agenda que marca un itinerario común para las ciudades de la Unión Europea.

El pacto de Ámsterdam supone un hito histórico, pues han sido necesarios más de 20 años para poder crear una agenda común a nivel de la UE. A ello ha contribuido el extraordinario conocimiento generado desde hace 20 años, a través de los proyectos piloto URBAN I y URBAN II, URBAN AQUIS, la incorporación del enfoque urbano en la política de cohesión 2007-2013 o el programa de cooperación en materia de desarrollo urbano sostenible URBACT.

Atrás nos deja un 2016 lleno de buenas ideas, buenas iniciativas y buenas intenciones, en lo que respecta al objetivo de conseguir unas ciudades más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles y es por ello, que el año 2017 debe continuar por la misma senda y avanzar cada vez más hacia unas ciudades:

  • Más accesibles, donde se tenga en cuenta a todas las personas y donde las personas con discapacidad también puedan ejercer su derecho a la ciudad;
  • Más seguras, donde ningún ciudadano o ciudadana sufra ningún tipo de acoso.
  • Más eficientes en el uso de sus recursos y más sostenibles, cabe recordar que las ciudades ocupan el 3% del planeta, pero representan entre un 60% y 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de carbono a la atmósfera.
  • Necesitamos ciudades que sean dinámicas, en términos económicos, y que apuesten por sectores económicos sostenibles como la cultura, la economía social, la creatividad, las nuevas tecnologías o la economía verde, y que permitan a su ciudadanía tener empleos de calidad que les garanticen una vida digna.
  • Hace falta conseguir unas ciudades más limpias que permitan tener una vida más saludable.
  • Debemos lograr que las ciudades sean más inclusivas, donde se atienda a la diversidad social de sus habitantes, se superen las diferencias individuales y se llegue a un espacio de entendimiento y sinergias en la diversidad.
  • Ciudades más democráticas, donde cada vez más, haya más espacios de diálogo y participación ciudadana y las políticas urbanas se generen de manera compartida entre los políticos, los técnicos y la ciudadanía.