Intentando definir las tendencias, en tecnología

Extracto y adelanto del capitulo introductorio del e-book sobre Tendencias Tecnológicas de la Cámara de Informatica y Comunicaciones de la Rep. Argentina, compilado por Alejandro Prince y Lucas Jolías, que será publicado en marzo de 2017.


Antes de hablar de las tendencias tecnológicas, vale la pena intentar definir tendencia, con la pretensión no de cerrar la idea, sino de eliminar preconceptos.

En castellano la palabra deriva del latín. Y tendere, tendens, significa tensar, o dirigirse a, la predisposición de personas o cosas hacia un lugar o fin. Es decir un movimiento, un comportamiento, una afinidad. La fuerza que inclina o mueve un objeto hacia otro objeto o lugar, pero también una propensión, orientación, gusto o interés,  así como una forma de interpretar el arte, la política, la economía. Una ideología, forma de pensar, paradigma o canon de un tiempo o lugar. Así, un hábito o una moda o hasta un determinado color o cantante pueden ser una tendencia, o son parte emergente o fenomenológica, manifestación de la misma? 

La tendencia ¿nos empuja hacia ella, o nos tracciona? ¿Arrastra a multitudes crecientes, agregando fieles, o por el contrario produce resistencia y fricción, o pueden ocurrir ambas cosas? Las tendencias son totalmente ajenas a nosotros pero sufrimos sus efectos, o somos parte esencial del mismo nacimiento de las tendencias. Todos? O algunos, creadores, líderes o inventores… 

¿Es como un vector, con un origen o causa cierta y conocida o no, una intensidad y dirección? ¿Es la mera unión de puntos en el espacio o plano?  Geometría.  ¿Es de corto o de largo plazo? ¿Debe medirse por su alcance, su grado de adopción, cobertura o uso? ¿Importa su etapa o tiempo desde el orígen, o su impacto actual o potencial, directo o indirecto?

Tal vez sea un poco de todo esto, dependiendo del sujeto u objeto, del momento o lugar, del campo o ámbito de uso de este término. De las creencias y valores que dan marco a nuestras interpretaciones. De quién habla, pero también de qué está hablando.

Algunos productos icónicos de las TIC han sido o son llamados “tendencia” por periodistas o consultores, pero creo que confundir a cada manifestación con “la tendencia” es un error analítico 

 

De todos modos, y luego de dar varias de las opciones de significado utilizadas por diversos autores o textos, creo oportuno poner algunos límites al significado de tendencia. Como decía John Naisbbitt en Megatrends, allá por 1982, la tendencia es bottom-up, y persistente, son las modas las que son son top-down y de corta duración. Es decir, como me gusta decir en mis clases, una tendencia es un movimiento profundo, casi tectónico y de largo plazo, con un orígen a veces difícil de rastrear porque obedece a una variedad compleja de causas, descubrimientos o innovaciones. Y también siguiendo a este autor, comparto el hecho de a pesar de que a veces generan resistencia o fricción, lo más fácil es surfearlas, montarse a la ola y dejarse llevar.

Llegado este punto, puede ayudarnos lo de “tecnológicas”, porque nos permite acotar un poco esto de las tendencias. Aunque “tecnología” también es un término complejo de enmarcar.

Kevin Kelly en What technology wants del 2010, expresa que la tecnología casi tiene sus propios fines o “deseos”, que de cierto modo acompaña a la biología o la evolución y sus fuerzas motoras. Yo tengo una posición marcadamente instrumentalista y no determinista frente  a este fenómeno, y la idea de un “techniun” como el de Kelly cruza mi barrera.  Pero comparto el diagnóstico, y hasta de las trayectorias (fines) que ese autor le da o confiere a la tecnología, y me parece una metáfora valiosa para seguir pensando pensando el tema.  

Vale aclarar, que en general, cuando se habla de inteligencia en relación a aplicaciones u otros avances de la tecnología de la información, se lo hace en un sentido de capacidad de resolver problemas (problem solving), un pariente muy cercano del viejo concepto de saber hacer o know-how. 

Las tendencias tecnológicas no aparecen de improviso, aunque sí son disruptivas algunas de sus manifestaciones, y algunos productos y servicios que las encarnan. Es muy común y entendible confundir a las tendencias tecnológicas con sus hijos o emergentes, tal o cual producto, dispositivo o aplicación. También es frecuente ver que se confunde a la tendencia con el “escenario” o conjunto de condiciones económico-políticas o sociales en un cierto tiempo-espacio. Es un concepto vinculado pero distinto. Un determinado escenario puede favorecer o retrasar a corto o mediano plazo el desarrollo o hasta aparición en la superficie de una tendencia, y es claro que la misma tecnología existente y disponible, la frontera del conocimiento, es asimismo otro elemento constitutivo y no menor del escenario o entorno de desarrollo de una tendencia (tecnológica o de otro tipo).   En su primer momento de visibilización de una tendencia, su representación tecnológica pareciera seguir la trayectoria de menor resistencia, es decir desarrollarse allí dónde se dan las condiciones más favorables o su necesidad es mayor. Esta tecnología o innovación es usada primero por algunos pocos, y generalmente para hacer algo todavía bajo el viejo paradigma, para mejorar la eficiencia de alguna otra tecnología o proceso existente. Es una fase extensiva y exploratoria, luego se agregan más y más usos y usuarios, se hace intensiva además de extenderse y sólo luego de un cierto período se produce el salto estratégica, el aprovechamiento en repensar el qué y no sólo el cómo de un proceso o uso.  La tecnología asimismo suma proveedores, converge con otras tecnologías o tendencias. Y en cada generación muta y se regenera, aumentado o extendiendo sus usos, y descubriendo su propia identidad y límites. De alguna manera tiendo a asimilar estos pasos al análisis de las tétradas de Marshall McLuhan respecto de la aparición de nuevos medios. 

Desde un comienzo coexisten dos miradas opuestas pero complementarias. Una, que podemos llamar de oferta, ingenieril o técnica, privilegia los materiales o procesos de fabricación o de desarrollo de estas tecnologías y en el otro extremo, desde el marketing o el consumidor se prioriza en la elección y hasta en la denominación, el efecto o beneficio, o la forma de uso o consumo.

Así las listas de las principales tendencias tecnológicas divergen bastante si el tema se enfoca desde los “consumos de medios o audiovisuales”, o desde la tecnología de base, o si lo que se considera son sus impactos organizacionales, o los económicos, macro o micro. Incluso varían en extensión o calidad si se pone en o desde las telecomunicaciones o desde la informática.

Además están los egos de autores y los fines comerciales de las empresas, y eso marca el deseo de rebautizar y así cuasi apropiarse de algunas de las derivadas de una tendencia tecnológica, a veces por mercados verticales, o campo de aplicación o uso.   

A veces el tamaño de mercado o tiempo desde la innovación define que algo sea considerado tendencia tecnológica  

 

Consolidar una lista única de tendencias tecnológicas es tarea compleja y requiere definir previamente estos criterios. O no. El resultado en general son listas de diversa tipificación que responden no a uno, sino a varios criterios. Las tecnologías por su parte, lo dijimos y lo reiteramos, convergen y se hibridan, divergen y evolucionan. Mutan, y lo hacen a gran velocidad, aceleradamente.

Las fuentes de los cambios de las tendencias tecnológicas, su mismo origen, se tiene su raíz en cambios económicos, demográficos, sociopolíticos, ambientales, o en otras tecnologías, descubrimientos, accidentes o invenciones. Y claro está, las tecnologías también alimentan cambios en todas las “fuentes”. El juego es complejo, evolutivo, dinámico. El resultado neto es muchas veces un emergente, una externalidad.

Algunos productos icónicos de las TIC han sido o son llamados “tendencia” por periodistas o consultores, pero creo que confundir a cada manifestación con “la tendencia” es un error analítico con efectos cuali-cuantitativos de diagnóstico y proyección, aunque literaria o coloquialmente sea inocuo y hasta feliz.    

A veces el tamaño de mercado o tiempo desde la innovación define que algo sea considerado tendencia tecnológica (o de otro tipo). Movilidad es una tendencia, pregunto en mis clases, y la respuesta es unánime y positiva, y fundamentada en el claro desarrollo cuantitativo de la movilidad tecnológica, ya sea medida en líneas, dispositivos, o consumos, consultas o compras en línea. Entonces IOT no lo es, repregunto? Ah sí, también, se apuran a acotar, aunque está en las etapas iniciales y aún no es masiva, pero lo será a muy corto plazo contestan acertadamente. Y la IA, a la que le falta mucho más para su masividad? También responden, porque es seguro que hacia allá vamos, y sus efectos serán profundos y extensos.

Recordemos que para los diccionarios la tendencia es un sustantivo, pero tender es un verbo,  verbo transitivo cuando es la causa del movimiento, dirección o cambio de ésta; e intransitivo si se refiere al hecho de tomar o elegir una dirección. Causa y fin. Complicado, pero es esto en parte lo que hace al tema interesante.

Una tendencia puede ser como un rayo tractor o fuerza impulsora pero también generar resistencia. Hoy los conductores de taxis marchan en Buenos Aires y otras ciudades contra el modelo de negocios colaborativo que invade su territorio, y mañana puede ser que los conductores de estas nuevas empresas hagan un piquete o marcha contra el avance de los autos autónomos.

Siempre hemos exagerado los efectos y usos de la tecnología forzando así sus límites y mejorando la  comprensión de sus alcances, entre la utopía y la distopía.  La tecnología y el conocimiento han tenido y tendrán muchos amigos, pero también cosechan enemigos.

Parece que seguimos marcados por aquello de que el fruto de árbol de la ciencia no puede ser comido sin costo o consecuencias.

Buenos Aires, enero de 2017