¿Hemos dicho polución urbana? ¡Con los alcaldes alcemos la voz!

El 14 de marzo de 2015, un importante episodio de contaminación en Francia y en Europa, dio lugar a mi texto «¿Hemos dicho polución urbana»: Mismas causas, mismos efectos, un grave pico de polución un año antes me ha llevado a escribir una actualización parecida el 19 de Marzo de 2015 «¿Hemos dicho polución urbana?  (II) ». Estamos, ahora a día 21 de Marzo de 2016, con este problema más que nunca en el orden del día.

En el momento de los grandes desafíos del cambio climático, con la construcción urbana a gran escala, la polución urbana masiva se ha convertido en casi permanente, y sus efectos sistémicos ponen en peligro nuestra salud.

En nuestro hemisferio norte es el equinoccio de primavera, el momento donde el día y la noche comparten nuestro tiempo a partes iguales. Por sus raíces latinas «Primus Tempus», este es el tiempo nuevo, preludio del buen tiempo a llegar. En todas las civilizaciones donde la primera llega, es la fiesta del despertar de la tierra, de su fertilidad, la renovación después del invierno.

Pero en este año 2016, se avecinan malos tiempos en Europa para los ciudadanos preocupados por la calidad del aire en la vida urbana. Sí, porque a pesar del reciente escándalo de Volkswagen, la Unión Europea ha decidido dar aún una moratoria a los constructores para limitar la emisión de contaminantes en sus motores diesel. Estamos actualmente en un margen de tolerancia a los constructores del 110% en la emisión de partículas finas, el NOx!

No solamente los niveles autorizados se han duplicado respecto a lo preconizado por la norma Euro6, sino que el plazo de aplicación ha sido igualmente pospuesto dos años, hasta 2019, respecto a la fecha inicial de 2017.

¿Hace falta recordar el vínculo estrecho entre la polución del aire y la esperanza de vida?

En un mundo urbanizado los contaminantes atmosféricos, y en particular las partículas, representan un desafío sanitario principal. En 2013, las conclusiones de una evaluación realizada por el Centro Internacional de investigación sobre el Cáncer (CIRC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mostró que la polución del aire exterior es cancerígena. El tráfico rodado, en particular los vehículos diesel, es la principal fuente de partículas de PM10 y PM2,5 (NOx) en las ciudades europeas y en general en todas las zonas urbanas.

En 2013, el estudio de la calidad del aire en Europa, publicado por la agencia europea para el medio ambiente (AEE) mostró que alrededor del 90% de los ciudadanos de la Unión Europea están expuestos a contaminantes atmosféricos muy nocivos y a niveles considerados peligrosos para la salud.

La OMS también ha estimado en 2011 que, cada año, más de 3,7 millones de personas mueren por la inhalación de partículas finas presentes en el aire interior y exterior. Las partículas PM10, de una talla igual o inferior a 10 micras, pueden penetrar en nuestros pulmones, entrar en la circulación sanguínea y provocar cardiopatías, cánceres de pulmón, casos de asma, o infecciones de las vías respiratorias.

¿Cómo es posible que la Unión Europea tome estas medidas, irresponsables y peligrosas para la salud de los ciudadanos, de los urbanos?

En el mismo momento, la prensa internacional, vitorea el ingenio de una startup francesa, pionera en la alerta de la polución urbana, Plume Labs, que en Londres ha lanzado la «Pigeon Air Patrol», palomas conectados para recoger en tiempo real la información sobre la calidad del aire.

La cuestión que se plantea es, ¿con qué derecho la Unión Europea decide tomarnos por las «palomas», aquellos quienes vamos a sufrir las consecuencias sobre nuestra salud, y la de las generaciones venideras, para satisfacer a un lobby, que se aferra a un mundo moribundo pero que resiste ?

¿Será necesario que nuestros responsables aprendan a leer, para tomar consciencia del estudio financiado por la Unión Europea «Aphekom» y sus drásticas conclusiones «Improving Knowledge and Communication for Decision Making on Air Pollution and Health in Europe»? 

Finalista del premio «European Health Award 2013 » y ampliamente comentado, se llevó a cabo entre 12 países europeos y por más de 60 científicos de julio de 2008 a marzo de 2011, y los estudios han sido prolongados después. La evaluación del impacto sanitario en 25 grandes ciudades europeas muestra que la esperanza de vida puede aumentar hasta 22 meses en personas de 30 años en adelante (en función de la ciudad y del nivel medio de polución), si los niveles medios anuales de partículas finas PM2,5 se reducen a sólo 10 microgramos por metro cúbico, valor guía preconizado por la OMS.

Este estudio muestra que disminuir los niveles de partículas finas en el aire de las ciudades europeas se traduciría en un beneficio significativo también en términos de la reducción de los costes de sanidad en alrededor 31.500 millones de euros (disminución de gastos de sanidad, absentismo, y los costes asociados a la pérdida de bienestar, de calidad y esperanza de vida).

Demuestra igualmente que habitar en la proximidad de tráfico rodado aumenta sensiblemente la mortalidad atribuible a la polución atmosférica.

20 alcaldes de ciudades europeas, en la iniciativa de la alcaldesa de Paris Anne Hidalgo, se han rebelado contra esta decisión: Paris, Madrid, Bruselas, Viena, Estocolmo, Milán, Barcelona, Copenhague, Budapest, Atenas… a través de una tribuna común, han tomado sus responsabilidades como autoridades de grandes ciudades, para oponerse a esta moratoria. Y han lanzado, igualmente, una llamada a la movilización ciudadana, vía una petición internacional, transcultural, multilingüe, a firmar, para expresar un NO firme a esta decisión.

 «Cómo proteger nuestra salud si la Unión Europea valida un permiso de contaminación en detrimento de la salud pública?, ¿qué deben pensar los padres de los niños que sufren problemas respiratorios agudos, las personas mayores y las más frágiles?, ¿deben entender que sus gobiernos han preferido la salud de la industria automovilística a su salud?

 

Solicitamos por tanto a los gobiernos europeos, que utilicen todos los medios jurídicos y políticos en su poder, a fin de garantizar que las normas de contaminación del aire en Europa sean aplicadas en todas las industrias. Nuestra salud depende de ello.

Es un hecho novedoso, en la era de la ubicuidad, que los alcaldes se comprometan en una solicitud de movilización ciudadana a través de una plataforma, llamada change.org. Es también una señal de los nuevos tiempos que cambian, el siglo de las ciudades, de los alcaldes en red, de las acciones comunes y concertadas implicando a los ciudadanos.

Tras el éxito de la movilización los alcaldes, con ocasión de la COP21, de la acción decidida por las organizaciones de las ciudades llamadas «C40 Cities», para hacer presión al respecto de que los acuerdos de la COP21 se conviertan en realidad, podemos alegrarnos de este compromiso.

Del norte al sur, del este al oeste del planeta, la polución urbana, la mala calidad del aire, el ambiente cada vez más y más irrespirable en nuestras ciudades, se han convertido en los problemas principales que amenazan muy seriamente, no solamente a nuestra calidad de vida ciudadana, sino sobre todo a nuestra vida misma.

Ésto no es una llamada a la conciencia social urbana! Se trata de originar una batalla ciudadana, transnacional para cambiar el curso de las cosas, hacer frente al empeoramiento de la situación y a alzar la voz ante los decisores que se complacen de preservar el orden urbano de un viejo mundo desfasado, al servicio de los poderes de la energía fósil, de los vehículos de gasolina, de la ciudad libre de coches, que ocupan la mayor parte del espacio público.

La ciudad es un organismo vivo, que, por definición, lo es tan sólo si dispone de respiración… ¡una respiración propia, en todos los sentidos del término! 

¡Vamos a movilizarnos!

 Colaboración en la traducción: Guillermo Mas