Espacios públicos y ¿prohibiciones? Del #Burkini a Ganesh…

Artículo: Carlos Moreno

Traducción: Guillermo Mas

Los focos se centran en Francia a propósito de la polémica sobre el «burkini», seguida por la decisión del Consejo de Estado de declarar ilegal su prohibición por los alcaldes. Esta decisión va ciertamente a continuar propagando otras situaciones del mismo tipo donde el eco producido, viene a confirmarnos el clima venenoso que se ha instalado en el hexágono.

Por supuesto, la proximidad de las elecciones presidenciales constituye un elemento motriz en este curso de declaraciones y propuestas de todo tipo.

Sin ninguna duda, uno de los principales puntos a solventar concierne a la noción del espacio público y a la manera de afrontarlo, por los usuarios, los ciudadanos, al igual que las leyes, las normas y los reglamentos. Las propuestas que se formulan de proyectos de ley de prohibición del «burkini» en la playa y mas allá, al igual que todos los símbolos religiosos ostentarios en el espacio público, por sólo mencionar un par de ellos.

La triste realidad que podemos constatar en este curso de la polémica, es que en el siglo XXI, el de las ciudades-mundo, en un planeta globalizado, urbanizado y masivamente ubicuitario, constatamos, como mínimo, una gran incapacidad de los responsables políticos de entablar un debate digno, autor de una visión, definición y comprensiones claras y objetivas de lo que significa el espacio público en nuestras vidas convertidas mayoritariamente en urbanas y hay que decirlo, también más cosmopolitas. Este tema se encuentra en el corazón de las grandes mutaciones que se suceden ante nuestros ojos en todas nuestras ciudades, del norte al sur y del este al oeste de nuestro planeta. Los espacios públicos para todos son también una oportunidad para nuestras vidas urbanas.

Las cuestiones no regladas en materia de urbanismo y de educación, los sentimientos de miedo que surgen de nuestra incapacidad de comprender y de actuar en relación con las evoluciones demográficas, sociológicas, culturales, religiosas o de cualquier otra naturaleza, no deben focalizarse (a posteriori además) sobre la arena del espacio público en respuesta a graves problemas cuyas raíces y sus tratamientos están en otros lugares.

El espacio público no debe confundirse con la esfera pública, que constituye una interpretación,

individual o colectiva de lo que está sucediendo, incluso en el espacio público 

En el nombre de la laicidad de la República, y del justo combate por los derechos de las mujeres, los espacios públicos, lugares que se encuentran en el corazón de la vida urbana, no pueden convertirse en rehenes de un combate político o ideológico, llenos de retórica y subjetividad, en contra de las leyes de la República que fundamentan el bienestar social.

Asumir un comportamiento religioso de forma que se expresa en el ámbito privado y en la intimidad, exige un esfuerzo considerable por parte de todos, especialmente en un mundo en alta tensión. Educación, cultura, educación, deportes, prácticas colectivas o individuales son a fortiori indispensables en la crisis social y en la alta vulnerabilidad de nuestras vidas y nuestros territorios. Pero también nos obliga a estar en capacidad de diferenciar entre el espacio público y la esfera pública, la confusión se sitúa en el centro de la polémica por la burkini y sus efectos colaterales.

¿Cómo explicar que el incendio parte del primer incidente grave, en Córcega, ha dado lugar a las leyes anti-burkini en la playa, cuando en realidad era una pelea de playa entre magrebíes y corsos, pero sin ningún vínculo con esta prenda?

Las leyes establecidas por los ayuntamientos no han reportado actos ilegales cometidos contra otros en el espacio público, la playa, sino que han sido promulgados en nombre de «posibles problemas de orden público», lo que va mucho más allá de la forma de vestir.

En el mismo momento en Paris, el 28 de agosto una hermosa fiesta religiosa ha tenido lugar, en el espacio público, en las calles, la de la divinidad india Ganesh, con desfiles en trajes tradicionales, cantando y orando: la nuez del coco simboliza la ilusión del mundo, la carne el Karma individual, y el agua el ego humano. La rotura de la nuez del coco, recuerda el imperativo de traspasar la ilusión y su ego.

¿Qué pasa con esta actitud indumentaria, festiva, religiosa en el espacio público?, ¿hay que prohibirla también?, ¿en nombre de qué?

La respuesta se convierte en automática: el burkini es percibido como una amenaza ya que representa el confinamiento de las mujeres y un signo ostentatorio de movilización política, y por contra, Ganesh nunca ha sido invocado para matar en nuestras calles…

Se pierde asi la característica primera de la necesidad de una reflexión y debate objetivos y serenos sobre lo que es el espacio público y su uso por todos, dentro del respeto a las leyes de la República. Se instalan nociones y posiciones subjetivas, apelando a «convicciones íntimas» o posturas ideológicas, expresadas en voz alta en lo que llamamos «el espacio público». Se convierten en la expresión política, la esfera pública con una visión particular, incluso en contra de los que la República ha establecido para que los espacios públicos, sean un bien común.

La noción del espacio público ha evolucionado a través del tiempo… Algunos ejemplos… La Plaza del Ayuntamiento de Paris, por ejemplo, se convirtió en la «Explanada de la Liberación», en 2013, en memoria de la lucha por la libertad, 72 años antes.

Lo que ha sido admitido o no, en los espacios públicos bajo la ocupación, esta muy gravada en nuestras memorias, y no es inútil recordarlo en este mes de agosto, durante el aniversario de la Liberación.

El espacio público obedece a dos nociones fundamentales:

su accesibilidad para todos y su hospitalidad

¿Recordamos que este lugar se llamó la plaza de Grève en sus lejanos orígenes? Con su playa de arena, grève, en la ribera del Sena, fue un lugar de carga y descarga… Grève ha sido el lugar donde los desempleados iban a buscar un empleo, trabajando en los barcos. La propia Grève, se convirtió años más tarde en un lugar de huelga (grève en francés) para reivindicar mejores condiciones laborales… Pero esta plaza pública, en el antiguo régimen, fue un lugar de ejecuciones, de barbaries, de torturas públicas, muchas a nombre de la religión católica inquisidora, como las mujeres consideras como brujas, quemadas en esta plaza… Los tiempos han cambiado, por suerte…

Los ejemplos de la evolución del espacio público en la República Francesa son numerosos.

¿Qué pasa entonces con el espacio público? Debemos ser conscientes que se trata de una conquista principal de los franceses convertidos en ciudadanos libres, porque el espacio público es un espacio fundador de la sociedad. En nuestra modernidad, representa los lugares de pluralidad, de diferencia, de libertad, pero también los lugares abiertos a los extranjeros, y en un mundo globalizado, objeto del cosmopolitanismo y la mezcla, que es una realidad urbana en un mundo cambiante. Sentir amenazada nuestra identidad por el uso del espacio público es la expresión de una debilidad que no puede ser resuelta por las prohibiciones…

El espacio público obedece a dos nociones fundamentales: su accesibilidad para todos y su hospitalidad. A este título, debe permitir su frecuentación y la expresión de todos, sin que sea conquistado o confiscado por una mayoría o una minoría en detrimento de su cualidad de bien común. Es una cuestión, por ejemplo, para recordar todos esos principios fundacionales de «Nuit Debout» en la Plaza de la República de Paris.

Es un lugar de socialización de todas las expresiones, siempre que respeten el pacto Republicano del bienestar social, inscrito en las leyes y la constitución.

El espacio público no debe confundirse con la esfera pública, que constituye una interpretación, individual o colectiva de lo que está sucediendo, incluso en el espacio público. El espacio público debe incluir intrínsecamente los fuertes valores de la tolerancia, la apertura, el respeto; debe encarnar la mezcla, la diversidad que son una característica de los espacios públicos en el momento de una urbanización masiva y de las ciudades convertidas en metrópolis, megalópolis y ciudades-mundo.

Los espacios públicos en el momento de la ubicuidad están al alcance de un estado en una red social o de un tweet, que en pocos minutos, dan la vuelta al mundo y gracias su viralidad, pudiendo hacer bascular, en un sentido o en otro, el grado de atracción de un lugar.

Ahora bien, con el debate sobre el burkini, asistimos a una polémica, que genera una gran confusión, una amalgama, incluso una manipulación, entre los que está el orden del espacio público y de la esfera pública, sobre las vestimentas femeninas, asuntos sobre los que el Consejo de Estado ha apelado a los principios fundacionales.

Rechazar la diversidad, la mezcla, el cosmopolitanismo de los espacios públicos de una ciudad del siglo XXI significa el deseo de cerrar la ciudad para erigir sus antiguas murallas y condenarla al colapso.

El debate necesario y de actualidad, debe centrarse sobre nuestra visión del espacio público como lugar de libre expresión, de mezcla, de vida.