En el siglo de las #Ciudades, las nuevas enfermedades urbanas

En el siglo XXI, el de las ciudades, es indispensable interesarse por las “nuevas enfermedades urbanas”. ¿Qué consecuencias tendrán en términos de impacto para la salud humana y sobre nuestra calidad de vida?

La actualidad está, por desgracia, llena de ejemplos muy concretos de amenazas que afectan a todo el mundo urbano del planeta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha adoptado una definición amplia de la salud que dice “no consiste solamente en la ausencia de enfermedad o infecciones”, sino en “un estado completo de bienestar físico, mental y social”. La salud está influida por numerosos factores entre los que prima el entorno de vida.

A menudo evocamos la vulnerabilidad ligada a la problemática de la gestión medioambiental, con las enfermedades y perturbaciones en la cadena sistémica de la sanidad, debidas a la polución urbana.

A día de hoy, nos enfrentamos a multitud de nuevas enfermedades infecciosas que están en relación directa con los problemas de urbanización y cambio climático:

Las mayores epidemias pueden producirse en las ciudades a escala mundial”, ha alertado hace unos días la OMS a través de su cuenta de Twitter

Su directora ha señalado que «la situación derivada de El Niño (fenómeno climático particularmente pujante en 2015 y que favorece el cambio climático) provocará este año el crecimiento del número de mosquitos”. Nosotros lo hemos visto con el Ébola y su propagación el año pasado por los países africanos, mientras el inicio de la fiebre de Lassa, con el Dengue y el crecimiento del mosquito Tigre en grandes zonas urbanas, su primo el Chikungunya y el virus Zika, más recientemente; por citar algunos ejemplos concretos.

En 2009, el director general de la OMS declaró que «las enfermedades infecciosas pueden emerger en las zonas rurales, pero las zonas urbanas son cruciales para su diseminación y su transformación en epidemia o pandemia”.

En el caso del virus Zika, se ha propagado actualmente por América Latina, por un mosquito, “de forma explosiva” con 3 o 4 millones de casos atendidos este año en el continente americano. Es particularmente peligroso para las mujeres embarazadas y los bebes. Llegó a Brasil cuando se celebraba la Copa del Mundo de futbol en 2014. Ahora afecta a grandes ciudades como Sao Paulo y Rio de Janeiro, con un vínculo directo con la epidemia de microcefalia en curso. 100.000 bebes pueden verse afectados por la microcefalia en los próximos 5 años.

En el caso del virus chikungunya el nivel de urbanización juega también un rol importante. Cito el excelente estudio publicado en 2009 “El entorno socio-espacial como factor de aparición de enfermedades infecciosas”, “la urbanización creciente y la concentración de población son factores de aparición de enfermedades virales. En el caso del virus chikungunya, cuya transmisión es vectorial, el nivel de urbanización juega un rol importante en la medida en la que el mosquito Tigre está particularmente bien adaptado al medio urbano y periurbano”.

El factor urbano, combinado con el calentamiento climático y el alcance del comercio internacional, en una economía globalizada, es la causa de la aparición de este tipo de enfermedades en las zonas urbanas de los países del Norte. El estudio de la OMS publicado en septiembre de 2013 “Marco regional para la vigilancia y la lucha contra los mosquitos invasores y vectores de enfermedades y enfermedades emergentes de transmisión vectorial” precisa que Europa es vulnerable a la transmisión de otros arbovirus tropicales y ha confirmado que la transmisión de estas enfermedades puede ser nativa.

El dengue, cercano al chikungunya, infección vehiculada por los mosquitos se ha convertido igualmente en una enfermedad urbana, tomando más y más importancia para la sanidad pública internacional. Afecta a las regiones tropicales y subtropicales, principalmente en las zonas urbanas y semiurbanas. Amenaza a 3.600 millones de personas que viven en más de 125 países y territorios endémicos. La amenaza del dengue se está materializando estos últimos años en Europa, en diferentes zonas donde el vector Tigre está presente.  

Las nuevas patologías urbanas

 

A los riesgos planteados por los agentes infecciosos, y todos los problemas medioambientales se añaden ahora nuevos retos de sanidad vinculados con los cambios de vida propios de la urbanización, donde las condiciones de vida de los ciudadanos y la dinámica de desarrollo desigual de las ciudades, en particular en los contextos de fuerte crecimiento incontrolado.

La complejidad de las ciudades, la urbanización creciente, el aumento del tejido urbano, el aumento de las necesidades con la explosión demográfica, la presión debida a la disminución de los recursos, pero igualmente las fracturas socioeconómicas visibles en el tejido social, hacen aparecer hoy un nuevo tipo de vulnerabilidad urbana en el ámbito de la sanidad.

Sin embargo, la urbanización de las ciudades entraña problemas como el ruido, actividades ligadas con el estrés urbano, los riesgos naturales o antropogénicos, las inseguridades viales y alimentarias, los impactos del cambio climático, la contaminación, etc. Esto hace a la ciudad vulnerable al desarrollo de patologías, donde algunas de las cuales son recientes como la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares, el asma, la diabetes, las alergias, la obesidad que es generalmente debida al sedentarismo de las personas con inactividad, las enfermedades de transmisión sexual, etc.

El conjunto de todas estas enfermedades, llamadas de «civilización”, han superado a las enfermedades infecciosas – en particular en los países del eje Noroeste del planeta, y resultan de la degradación generalizada de nuestro entorno de vida. Estas enfermedades no transmisibles son un desafío principal para los ciudadanos, la sanidad pública y la economía, sin contar con los efectos sistémicos. Margaret Chan, directora de la OMS, señaló en 2011 que “el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles representa un enorme desafío. Para ciertos países, no es exagerado describir la situación como una catástrofe inminente para la sanidad para la sociedad y sobre todo para las economías nacionales”.

Termino este artículo con la cita de Albert Levy, arquitecto-investigador: «Nos debemos preguntar si el urbanismo actual, responsable de la degradación del medio ambiente, ha producido este entorno físico y social patógeno, y para ello, comprender el entorno urbano, en su globalidad, como un factor de riesgo, un factor de exposición, un factor potencial de alteración (metal y física) de la salud. La “salud urbana”, a día de hoy en cuestión, tiene la tarea de diagnosticar las causas y los mecanismos por los que la ciudad, en su organización y funcionamiento, afecta a la salud, y proponer soluciones (urbanísticas) alternativas. El urbanismo sostenible, a día de hoy, en gestación, deberá integrar mejor la dimensión sanitaria en sus objetivos.

Esto es, en mi opinión, del todo indispensable para comprender los mecanismos que entrañan la fragilidad de la ciudad, del tejido urbano y de las relaciones de los habitantes con sus territorios.

Es a la luz de esta observación cuando aparece la necesidad de abordar la vulnerabilidad socio-urbana. La ciudad inteligente y humana será la que sepa poner en marcha la construcción de su resiliencia.