El futuro de la ciudad inteligente es social: #SocialSmartCities

No hace mucho tiempo que la tecnología era algo extraño para la mayoría de las personas. Se maravillaban con los adelantos que les permitían ver lo que estaba pasando al otro lado del mundo durante una conexión en directo; o con la rapidez que un correo electrónico era capaz de llegar desde uno a otro terminal. Esas posibilidades muchos de nosotros ahora las llevamos en el bolsillo.

Sin embargo, también debemos ser conscientes que en muchos casos, el trazado urbano por el que paseamos con nuestro Smartphone fue diseñado antes aún de aparecer los primeros avances tecnológicos que maravillaron a nuestros padres y abuelos. O al menos, los primeros smartphones… en los últimos diez años ya no se ha urbanizado tanto.

En la actualidad hablamos mucho de ciudades inteligentes, y normalmente lo hacemos poniendo todo el énfasis en los últimos productos que incorporan las nuevas tecnologías. Quizá porque frecuentemente esos nuevos artilugios nos hacen sentir mucho más adelantados y poderosos ante aquellos que no han oído hablar de ellos o no saben utilizarlos. Es decir, nos hacen sentir más “inteligentes”. Las nuevas tecnologías nos empoderan, y aplicadas al entorno urbano pueden mejorar significativamente nuestra calidad de vida, pero también pueden sacar lo peor de nosotros mismos.

Para poder hablar de ciudades inteligentes no debemos olvidar la esencia misma de la ciudad, que es radicalmente social. La urbe es un lugar de encuentro y convivencia. Por tanto, una ciudad que aspire solo a ser una smart city, no será sostenible desde el punto de vista humano. Para ello debe aspirar a ser una #socialsmartcity. Debe utilizar la tecnología para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, sí, pero sin que esa tecnología se convierta en un elemento de discriminación social, en un diferenciador entre los que pueden y saben utilizarla y los que no.

La inclusión digital, posibilitando que todos los ciudadanos puedan disfrutar de una tecnología al servicio de la convivencia es el elemento básico para desarrollar las #SocialSmartCity.

Pero el modelo de inclusión no puede quedarse únicamente en lo conocido: los habituales planes para el fomento del acceso a la tecnología de los centros cívicos o culturales. Estos planes, aunque útiles, se suelen basar en la formación, la transmisión de conocimiento. Deben evolucionar hasta convertirse en un entrenamiento, a través del que se compartan conocimientos e incluso puedan llegar a crearse.

La inclusión digital debe pasar por la creación de modelos de innovación social que permitan no solo el acceso y la utilización de la tecnología a los sectores sociales con mayores dificultades, como aquellos con menores ingresos, enfermos, mayores…. También debe facilitar el acceso de cualquier persona –comprendiendo a esos sectores desfavorecidos- al conocimiento que le permita participar en la creación de nuevas soluciones que den respuesta a sus necesidades y expectativas.

Se trataría de provocar en la #SocialSmartCity el mismo mecanismo que impulsa con fuerza la nueva economía colaborativa. De esta manera se generará una fuente de mejora social. A través de esta fuente se posibilitará el desarrollo de soluciones locales adecuadas a las expectativas ciudadanas. Estas soluciones impulsarán la economía urbana, porque la capacidad para dar respuesta a las necesidades de la sociedad es lo que garantiza la demanda de cualquier producto en un mercado.

Para ello las iniciativas de inclusión digital han de ir un paso más allá, promocionando la aparición de entornos colaborativos y abiertos –estilo espacio maker- que actúen como “polideportivos tecnológicos” y permitan la participación ciudadana en la creación de nuevas soluciones y tecnologías, dentro de un entorno físico y por medio de la comunicación y el conocimiento compartido.

Una vez llegados hasta aquí, será una cuestión de responsabilidad implicar a la iniciativa privada para fomentar la creación de Urban Labs, también llamados laboratorios de empresas o smart citylab. En cualquier caso, centros capaces de actuar como incubadoras que ayuden seleccionando los proyectos innovadores, relevantes, justificados y realizables para acompañarlos en su 

ejecución. Mejor aún, si los seleccionados son proyectos aplicables a los servicios públicos y la mejora de la convivencia en la ciudad.

Al ayudar a concretar estas creaciones ciudadanas en modelos de negocio start up se impulsa el crecimiento del empleo local y el desarrollo de una economía fuerte y ligada a los servicios de la ciudad. Algunos ejemplos de iniciativas en esta línea #SocialSmartCity se dan ya en algunos de los ayuntamientos  más importantes, como son, por poner solo 3 ejemplos:

¿Por qué quedarse sólo disfrutando con la última app descargada,

si entre todos es posible construir una realidad mejor?