El cúmulo de la pereza, otra parada más para #UBER

En una reciente visita a Barcelona necesitaba de un transporte del hotel al aeropuerto. Ya me habían contado la fantástica novedad acerca de una aplicación, dónde acordamos un local para que nos cogieran, el precio y, por supuesto, el día y la hora. Había pasado bastante tiempo para bajar de la habitación y hacer las cosas de un modo tradicional: pedir un taxi en el mostrador y esperar cerca de 5 o 10 minutos. Del hotel hasta el aeropuerto, esperábamos todo o ambiente de un taxi al cual estamos acostumbrados y que hace parte de nuestra imaginación. Ya circulé en taxis de una forma bastante peligrosa, en Moscú, por ejemplo, el coche circulaba por encima de los 150km/h y además el asfalto/carretera estaba helado y nevado…pero volvamos a Barcelona.

Pensaba yo, qué, estando en una Smart City y con voluntad de testar nuevas cosas, debería adoptar un transporte alternativo para llegar al aeropuerto. Así lo hice. Descargué e instalé la app que en dos o tres minutos estaba lista para ser utilizada. Malamente podía esperar a experimentar la app suprema del momento en los medios de transporte. El proceso es simple. Eliges una fecha, hora, local y destino que pueden ser geo referenciados. Después eliges el método de pagamento y recibes una confirmación de que vamos a tener transporte garantizado en esa misma hora. Reservé con un par de días de antelación. Después de unos minutos surgió el primer problema, mi cuenta de PayPal no tenía crédito (me pasa a menudo). Pido una forma alternativa de pagamiento. Elijo ¡cash! €7. Ni más ni menos. Así no necesitas de mirar constantemente el reloj o el taxímetro. Me limito a llevar el dinero justo conmigo para pagar cuando llegue al destino.

Llegó el día. Recibo, cerca de las 7 de la mañana, un mensaje de la app anunciando que mi conductor (Ángel) estaba de camino al punto de recogida, el hotel donde estaba hospedado, dentro de aproximadamente 30 minutos, exactamente a la hora combinada para cogerme (7:30am). Tengo un montón de tiempo para buscar mis cosas, ducharme, bajar para tomar un café y hacer el check-out. Recibo un nuevo mensaje informándome que mi conductor me estaba esperando y que acababa de llegar. Me dirijo a la salida donde tengo la puerta del coche abierta y un simpático “buenos días” de Ángel.

“¡Muy interesante!” – pensé. El coche, bastante cómodo y nuevo, tiene música seleccionada, por lo que el viaje se hace tranquilo y dentro del tiempo estimado. Una vez que llegamos al aeropuerto procedo al pagamento. Le pregunto sospechoso: “Siete euros, ¿no es así?”. Él apunta para su ipad en la consola del coche (donde hemos visto todo el trayecto así como en la app del iphone) y confirma el valor contratado. “Hostia. Esto es muy interesante…” – pensé yo.

Muchos estarán pensando que fui uno más a experimentar el enorme e intenso soft power de la app de moda, UBER. No. Lo que yo utilicé fue un tipo de copia del UBER pero para taxis. La App se llama “My Taxi”, los coches son taxis y los conductores taxistas. Me ha encantado, me declaro fan de “My Taxi”.

¿Y por qué no he usado UBER?

 

Porque no me gusta la polémica y definitivamente no me atrae la moda. Soy un consumidor de tecnología extrema. Algún día probaré UBER, pero el hecho de que haya sido prohibida en mi país Portugal (y en otros mas), una vez más, confirma que todo va mal en este mundo.

Lo primero es lo primero. En primer lugar la historia de la UBER. No se comprende que nadie sepa cómo surgió la polémica app. Como surgieron grandes ideas en la cuna capitalista de Silicón Valley o otra incubadora de genios reconocidos y voraces por la fortuna. Dos jóvenes emprendedores, que ya habituados a grandes hazañas en el área de la tecnología, sobretodo Mobile, se pongan de acuerdo para criar UBER y empezar una guerra mundial. Lo interesante del problema es que todos tienen una buena opinión sobre UBER (o sobre Airbnb, o sobre cualquier otro website de compartir cosas). Yo tengo una visión diferente. No me gusta UBER (estoy siendo irónico). No me gusta porque eres bravucona. Y no me gusta porque eres oportunista y salvaje. Se aprovecha de fallos del sistema para, sin cualquier investimento de monta, vender servicios a precios por abajo del normal, producto de la desnecesaria licencia o del anticuado permiso.

¿Por qué UBER no mostró esta solución a la industria de los taxis en primer lugar? Porque era más difícil convencer una industria dominada por la tradición y conservadurismo y incluso por la falta de competencia para la tecnología. Un montón de trabajos. Lo que los fundadores deUBER pensaron fue en ganar dinero de una forma rápida, simple y fácil. Como un canto de sirena atrajeron todo tipo de “conductores” y “profesionales amadores” para la contienda. El lucro repartido, beneficiaba claramente la Startup, que no tenía que preocuparse con licencias ni con impuestos, ni con empleados, ni con propiedad.

La segunda parte que no me gusta es que las autoridades del gobierno, como unas cucarachas tontas, no se dieron cuenta que lo que estaba mal no era la UBER, si no el sector arcaico y anticuado del mundo del transporte en taxi. Un gobierno inteligente o Smart, aprovecharía la señal e impugnaría legislación para modernizar el sector. Cancelaría la necesidad de licencias especiales, permisos de tiempo antiguo y cosas de ese tipo. Pero eso sería perder dinero y ningún burócrata del gobierno se sujetaría a eso. Todavía, el facto de modernizar toda la actividad del transporte de taxi, estaría a hacerlo atractivo y nuevamente interesante para el consumidor. Si más personas lo usan, más impuestos sobre los lucros (que aumentarían) se recogerían.

En resumen, el brazo de lucha se muestra interminable. Aunque la respuesta tecnológica de los taxis que lanzaron apps concurrentes al UBER y con mejor servicio (por lo menos más profesional y seguro), estos todavía necesitan de pagar licencias y permisos.

La competencia así se torna desleal y perversa. ¿Por culpa de la UBER? ¿Por culpa de los Taxis? No. Por culpa de los gobernantes temerosos y totalmente ignorantes en materia de regulación del mercado. Un gobierno inteligente no acaba ni prohíbe la UBER. Contrariamente debería usar su poder legislativo que ya tiene sobre el sector para colocar los taxis en igualdad con la “economía compartida”. En este escenario los conductores de la UBER pasarían a tener que pagar los mismos impuestos y dar las mismas garantías que los taxis. Mientras que eso no acontece siguen a vender viajes a cambio de una “democrática” y disponible ida a un destino incierto.

¿Y los sindicatos? Queda un tema para el próximo texto….