El agua y la naturaleza en la ciudad en la hora del cambio climático

Los días se anuncian calurosos en los días por venir en Francia. El mes de Mayo ha sido el más cálido desde hace muchos. Pero esto se repetirá de forma  incremental no sólo en Francia, sino por todo el planeta. Más que nunca, el rol de la biodiversidad, de la vegetación, del agua, de la vida en todas sus formas, es indispensable en la vida urbana.

 

En el momento de los grandes desafíos que plantea el cambio climático con la construcción urbana a gran escala, la escasez de los recursos naturales, la polución urbana masiva cuasi permanente, el estrés hídrico de las ciudades, los efectos sistémicos amenazan nuestra calidad de vida, poniendo en peligro nuestra salud y sobre todo, la cadena de la vida. El fenómeno urbano ha transformado profundamente las relaciones entre los hombres, el hábitat y la naturaleza. La emergencia de las grandes metrópolis, el desarrollo creciente de las megalópolis, y también el efecto atracción de, a veces, cientos de kilómetros con respecto a las ciudades medianas y pequeñas, han venido a alterar las relaciones entre nuestras vidas, los espacios urbanos, rurales y la biodiversidad en su conjunto.

En el espacio de un siglo, entre 1950 y 2050, la población urbana mundial va a pasar de 1.500 millones de personas a más de 10.000 millones. Entre 2000 y 2050, no serán menos de 3.000 millones de personas las que se instalen en las ciudades por todo el planeta. Vivimos también el cambio, en menos de 100 años, de un mundo compuesto al 70% por habitantes rurales, a un mundo urbanizado al 70%. Pero también sabemos que los espacios urbanos participan en el 70% de la producción de gases de efecto invernadero, como ha señalado claramente el GIEC. Por primera vez, en 2013, la actividad humana ha generado una tasa de gases de efecto invernadero que sobrepasa el umbral fatal de las 400 ppm, en el que la polución pone seriamente en peligro el porvenir de la humanidad. Sin embargo, las regiones urbanas recogen más de 2/3 de la movilidad automotriz y al menos el 80% de los hogares y edificios comerciales, los tres grandes factores de emisión de CO2 y de degradación de la calidad del aire.

¿Cuál es entonces la relación entre estas nuevas vidas urbanizadas cada vez más pronunciadas y un habitat en el cual la preservación de la biodiversidad es un elemento clave en la lucha contra el cambio climático y por una mejor calidad de vida? ¿Cómo dar una coherencia social y espacial a estas nuevas tipologías urbanas en la ciudad? Tenemos a día de hoy, y por todo el mundo, la responsabilidad de poner la biodiversidad en el corazón de la vida urbana para las próximas décadas. La ciudad se ha mineralizado a lo largo de los últimos años y debido a varios factores: la omnipresencia de la construcción en todas direcciones, el lugar dado al coche como vector principal del desarrollo urbano durante casi un siglo, y la ausencia de toma de conciencia frente al cambio climático. Estos criterios han edificado un universo urbano que ha relegado la biodiversidad a un lugar funcional, los parques de recreo, pero con ausencia de su hibridación, de su presencia en la vida cotidiana.

La vegetación juega un rol importante en el impacto sobre el clima urbano. Los «cañones urbanos», las «islas de calor urbano», zonas de calor constituidas por los edificios y el universo mineral, son a día de hoy un peligro creciente no solo para la calidad de vida sino también para la paz social. En efecto, ¿cómo imaginar la vida en estos lugares urbanos en los próximos 5, 10 o 20 años sin haber puesto profundamente en cuestión el modelo actual? Constatamos las diferencias de temperaturas entre estos vínculos urbanos y los lugares circundantes a 20 kms de entre 5 y 7ºC. Sin ninguna duda, se trata de uno de los principales factores de riesgo social en los próximos años.

Gestionar el recurso hídrico forma parte de las preocupaciones que deben encontrarse hoy en día en el centro de la vida urbana

 

La vegetación forma parte de le vida. Captura el carbono y participa en el metabolismo del conjunto de la vida urbana. Pero la vegetación es también un factor de atracción y de calidad en las relaciones humanas en la ciudad. Además del hecho del fijar el carbono, la vegetación fija también al ser humano. Todos los estudios muestran que la ciudad compacta, y densa, que ha sabido integrar la vegetación en el universo de la vida cuotidiana, es una ciudad en la que sus habitantes reducen los desplazamientos llamados «de escapatoria», para «buscar el verde». Esto tiene por tanto un efecto directo sobre la movilidad, y va en el sentido de mejorar el crono urbanismo, de la ciudad del cuarto de hora, permitiendo beneficiarse de una alta calidad de vida social, al desplazarse para cualquier cosa como mucho a un cuarto de hora de casa.

Vegetación e hidrología van de la mano. Gestionar el recurso hídrico forma parte de las preocupaciones que deben encontrarse hoy en día en el centro de la vida urbana. La famosa frase del economista Nicolas Stem en su informe sobre el cambio climático es una evidencia: se mide en temperatura pero se traduce en nuestra realidad cotidiana por la presión sobre el agua, que se ramifica a todos los niveles: evaporaciones, escasez de precipitaciones o lluvias violentas, dificultades de aprovisionamientos, impactos sobre la cadena alimentaria… El cambio de actitud en relación al ciclo de vida del agua en la ciudad es una de las necesidades principales a afrontar en la próxima década. Toma todo su sentido y se convierte en un factor estratégico cuando la convergencia vegetación, naturaleza y agua se proyectan en la transición urbana.

La transición energética, con el cambio de paradigma a favor de las fuentes no carbonadas y renovables, es una prioridad, sin duda, pero será irrisoria si no va acompañada de una ambiciosa política urbana de convergencia con la valorización de la vegetación y la reconquista del ciclo del agua a todas las escalas de la vida urbana. Parques urbanos, redes para las tramas verdes y azules urbanas, reapropiación del agua por parte de la ciudad para los ciclos naturales (cursos de agua, riberas, canales) o artificiales (espacios de agua, espejos de agua…), lugares de baño, son ahora las acciones que por todo el mundo urbano apelan al diseño e una ciudad para todos.

La creación y existencia de la organización mundial de los parques urbanos «World Urban Parks» agrupa iniciativas del mundo entero sobre parques urbanos, espacios abiertos y de ocio, es un avance en la coordinación de todos los actores, sobre la visión y sobre las acciones que se derivan. En una época donde el crecimiento mundial llegará al 70% en 2050, es esencial el intercambio de conocimientos en vista de hablar colectivamente sobre parques urbanos, ciudades verdes, conservación de la naturaleza, ocio y toda la cadena sistémica que afecta también el deporte, y la salud de la población que vive en zonas urbanas. Se trata de querer construir conjuntamente las vidas urbanas y las ciudades saludables, vivibles y sostenibles.