#Detroit In Motion (Part II): The Phoenix will rise

Deambular por las calles del centro de Detroit puede ser una experiencia con diferentes perspectivas. Por un lado, de noche, todo está prácticamente desierto, con excepción de algunas zonas “de moda” como Greektown o Capus Martius y West Village.

Mi perspectiva más optimista gustó de la desfachatez con que los edificios emblemáticos como el The Guardian o el Fisher se imponen en el paisaje. Pero hay otros. Arquitectura aparentemente gris e industrial , pero que alberga ejemplares únicos de los tiempos gloriosos del capitalismo americano.

El Fisher, por ejemplo, otrora un símbolo de la pujante economía de Detroit y de toda la región, una fachada repleta de detalles absolutamente surrealistas, una arquitectura brillante y eterna. Los interiores rellenados a mármol con trazos dorados que ocupan muchos metros, puertas adornadas e imponentes. En el interior, resiste un pequeño quiosco y un bar/restaurante con una decoración sui-generis que hace recordar los tiempos áureos del sueño americano, misturado con una atmosfera mexicana o caribeña. La música es característicamente Motown. Llena de soul, blues, jazz…acordes y voces bienaventuradas por la ascendencia racial.

No sé cuánto costó construir este edificio. Fue vendido recientemente por 15 millones de dólares. Me parece un chollo. Quién llega del aeropuerto, esta es la primera visión que tiene de Detroit, el imponente Fisher, polvoriento pero altivo, gris pero rico, taciturno pero solamente a la distancia. Fue considerado la mayor obra de arte de Detroit, espantando todo y todos en 1927 que se quedaran intimidados con la  opulencia de sus 40 tipos diferentes de mármol.

Ya el The Guardian, situado en la zona financiera fue concluido en 1929 y originalmente nombrado Union Trust Building y es un ejemplo perfecto de la arquitectura Art Deco. El The Guardian incluye tiendas, un banco y un pequeño quiosco de regalos. Así que allí entramos, luego nos sentimos inferiores. Felizmente, el tiempo tornó el edificio casi público y está abierto para todos.

 

 

Mismo al lado un edificio más moderno, se encuentra a la venta. Un bloque de escritorios en pleno “Distrito Financiero” al lado de un monumento de la arquitectura americana. Brevemente será vendido, tal como otros rascacielos que se encuentran casi 100% vacíos. Mismo en el centro de Detroit. El escenario no es mucho optimista a la primera vista, pero como he referido, la perspectiva cambia de una calle para otra y se en un piscar de ojos lamentamos, en otro nos regocijamos.

 

Los ciudadanos que enfrentan la realidad

 

“Hola, buenas tardes, ¿consígueme un dólar?” Es un pedido frecuente en Detroit, todavía, la mayoría de los que resuelven se quedar en la ciudad percebe el pozo profundo en que cayó. Las sonrisas son ahora la nota dominante. Todos se saludan. Nuevos y viejos, indigentes y hombres y mujeres de negocios. Hay un sonriso abierto y un “Buenos días” para quienes pasa, entra en el autobús, en el People Mover…no es felicidad, es una simpatía humilde de quien cayó en el abismo de ojos abiertos y miró la desgracia y el destino de una ciudad otrora pujante y próspera.

La mayoría de los ciudadanos de Detroit miró la luz. Se acordó de la oscuridad el capitalismo, del juego financiero, de la burbuja inmobiliaria. Se acordó con una dosis de realidad extra, perdió la vivienda, el coche, el empleo. Han perdido prácticamente todo. Muchos hasta su propia dignidad. Sin medios para salir como hice la mayoría, quien se quedó, intenta recuperar la humanidad y se siente que hay alma en esta gente. Un alma digna y pura. Es lo más tocante sentimiento del contacto humano en suelo americano. Gente que sabe, conoce y experimentó la dolor de perder prácticamente todo. Menos la sonrisa. Esa es verdadera.

 

 

¡Hágase la luz!

 

En el peor momento de Detroit una de las primeras cosas a se quedar comprometida fue la iluminación pública. Millares de lámparas se apagaran en la ciudad por falta de medios financieros para solventar la cuenta de electricidad. El resultado natural fue la obscuridad y… el robo de material eléctrico.

Sin recursos públicos u otras alternativas la ciudad tuve que recorrer a un programa especial que contó con la colaboración de la institución financiera Citi. Según el responsable por el programa de iluminación pública, Odis Jones, cuando se empezaran a encender de nuevo las luces la ciudad volvió a sentirse un poco más viva. Como se renaciese de la obscuridad en que se he hundido. La oportunidad permitió transformar Detroit en una de las ciudades con más tecnología led en la iluminación pública y también con una fuente de energía alternativa (solar). No entiendo porque nadie la considera Smart. Al final, la necesidad de tener iluminación pública es más valiosa que apenas cambiar lámparas normales por Led para aparecer en los periódicos. Aquí es la inteligencia forzada. La EficienCity a funcionar. La necesidad. Es una administración local preocupada en religar los cables de la dignidad en vez de retocar la realidad con marketing y cohetes. Esta ciudad sabe lo que hace falta y no precisa de show-off. Quiere que finalmente los recursos públicos se usen en favor de los que se quedaran y de los que están a llegar todos los días, regresados o inmigrados.