Ciudad resiliente e inclusiva, nuestro desafío urbano

Artículo: Carlos Moreno

Traducción: Guillermo Mas

 

Apoximándonos a la cumbre mundial «Cities for Life», que tendrá lugar en París, los próximos 21 y 22 de Noviembre, sobre el triple signo de la inclusión, la resiliencia y la innovación, abordaremos este tema en estas líneas, durante varias semanas.

En el marco de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) para los próximos 15 años, la ONU apunta muy claramente al objetivo Nº 11, el impacto de la mutación urbana en la transformación de nuestras ciudades:

«Hacer que las ciudades y los asentamientos urbanos sean abiertos a todos, seguros, resilientes y sostenibles».

Resume los principales desafíos que se ciernen sobre nuestro planeta mayoritariamente urbano.

Proyectandose al futuro con una visión hacia el horizonte 2030, este objetivo hace frente a la amplificacion de los cuatro desafíos principales, que se nos presentan: una urbanización masiva inscrita en la basculación hacía el eje suereste del planeta con sus megalópolis y metrópolis, el cambio climático y el vínculo existente entre la actividad humana en las ciudades, la presencia de la tecnología que atraviesa nuestras vidas y finalmente, la pobreza como expresión de las desigualdades.

En materia de resiliencia, constatamos el imperativo de un cambio de paradigma. La cuestión de la resiliencia es comunmente abordada sobre la perspectiva de los principales riesgos y las catástrofes asociadas al desarrollo de las acciones que son indispensables para anticipar y hacer frente a estas crisis. Pero a día de hoy, es imperativo integrar una visión más amplia: la vulnerabilidad de la ciudad vinculada con las mutaciones del tejido urbano y de su entorno social-territorial. 

La complejidad de las ciudades, la urbanización creciente, el aumento de las necesidades a satisfacer en relación con la explosión demográfica, la presión debida a la disminución de los recursos, e igualmente las fracturas socioeconómicas visibles en el tejido urbano, hacen aparecer a día de hoy, una nueva forma de vulnerabilidad urbana. Esto se manifiesta notablemente por los efectos asociados de un importante crecimiento urbano y de las dificultades vitales de grandes franjas de población urbana y, a pesar de sus aspiraciones legítimas de encontrar en la ciudad mejores condiciones de vida, por un aumento de la precariedad y de la exclusión social.

Al igual que el desarrollo sostenible se ha convertido en un marco multidimensional, la resiliencia debe asociar la vulnerabilidad urbana con este triple entorno indisociable: medio ambiente, economía y sociedad. Esta asociación es indispensable para comprender la fragilidad de la ciudad, del tejido urbano y de las relaciones de los habitantes con su territorio. Este es la esencia misma de la noción de ciudad sensible, de ciudad viva, diferente de aquella llamada smart city tecnológica y algorítmica. 

La reflexión y la acción a escala de las ciudades en nuestro mundo urbanizado demuestra la importancia capital de la comprensión de estos factores de vulnerabilidad convertidos en estructurales.

Ahora más que nunca, es esencial comprender el alcance de esta transición urbana que vive nuestro planeta. Se encuentra en el centro de los desafíos relacionados con la actividad humana, el cambio climático y la pobreza. Nuestra constatación es que la exclusión social creciente  es ante todo la expresión humana de la fragilidad de nuestros territorios.

En el momento de las «ciudades-mundo», tendencia inexorable en un mundo globalizado, y de nuevas tensiones crecientes relacionadas con las nociones de identidad, de pertenencia, en un marco socioeconómico que se degrada, es nuestro deber proponer las acciones transversales e innovadoras en nuestras ciudades, en respuesta a las exigencias cada vez más fuerte de los ciudadanos frente a sus gobiernos locales, con el fin de reconstruir el vínculo social, cultural y económico. Es a lu luz de esta nueva situación cuando es necesario tener en cuenta la vulnerabilidad social-urbana. Apareciendo a día de hoy como un elemento principal de la resiliencia de una ciudad viva, sensible, inclusiva, innovadora y humana, con la pujanza de la tecnología y lo digital a su servicio.