#CitizenEngagement: ¡Hola ciudadano! ¿Se siente colaborador?

Probablemente no... Inevitablemente oímos hablar de la participación ciudadana como se fuera ahora la solución para todos los males de las ciudades. Infelizmente de participación tiene poco y de ciudadanía mucho menos. Se perdiésemos algún tiempo a analizar quiénes son los ciudadanos que participan en las variadas e imitativas iniciativas de las ciudades, mientras nos quedásemos sorprendidos con la pobreza y con la poca heterogeneidad de estos ciudadanos que participan. ¡Sí! Participan. La gran mayoría por obligación, que es una de las razones que llevan al “citizen engagement”. Las otras razones conocidas serían el placer y la recompensa.

Entonces, no se concluye que naciendo los presupuestos participativos en cada canto como unas migas de pan para distribuir por parques infantiles y pequeños arreglos, exista un inmenso placer en participar. También no vislumbro una recompensa inesperada que dé impulso a tan desbragadoenvolvimiento ciudadano (por lo menos material, ya que puede existir la versión ‘política’ de la recompensa pero eso es otra historia).

Queda la participación obligada. Alumnos de escuelas que son obligados a participar, empleados de las ciudades y de las instituciones paralelas que no tienen otra opción que no participar. Y,por supuesto, sigue apareciendo el séquito de electos y nombrados que tienen también por obligación contribuir para que el número de “citizen engagement” resulte en una foto o en una pieza periodística que justifique la acción, más mediática que envolvente, de un pelotón de ciudadanos perdidos entre telenovelas, reallity shows o programas de fin-de-semana para ganar euros fáciles por el teléfono.

¡Qué pesado! En breve podré ser multado o quizáir a la cárcel, debido a una acción de ‘citizen engagement’ que, con mi equipo estoy preparando. También algunos, arquitectos por ejemplo, hace algunos años hacían rave parties y instalaciones clandestinas en el centro de Ámsterdam y tuvieron problemas con la autoridad. Con la  rigidez de las ley y del gobierno de la ciudad que se escandalizan cuando la participación ciudadana no los invitaa la fiesta. Hoy, ese grupo de arquitectos de que hablo, es uno de los más famosos en el mundo. Todo porque no renunciaron a la creatividad y cuando todo parecía un desierto, tuvieron una idea. ¡Imprimir una casa! Merecieron el interese y el reconocimiento mundial con la visita del presidente de los Estados Unidos de la América y la ciudad no tuve otro remedio si no los incluir en el portfolio de los campeones.

Caro ciudadano. ¿En verdad no se siente colaborador en las acciones de su ciudad? Pues difícilmente lo será mientras el marketing y la propaganda dominaren la comunicación en las ciudades. Felizmente hay excepciones. Ciudades administradas y gestionadas por verdaderos Quijotes que cambiaron la paz de la locura creativa, honesta y sincera por la ruina de la política, de la disimulación y artimaña.

Infelizmente ocurrirá una de las dos cosas. La fugacidad y el consecuente abandono o transformación y asimilación del mal. Mientras eso, los ciudadanos son envueltos en una bruma de conceptos y bombardeados con distracciones que os dividen más que unen, que os distraen más que los envuelven.

Una ciudad nunca será inteligente sin ciudadanos inteligentes. También no lo será sin una comunicación honesta, transparente y franca. Etiquetas de Smart Cities están en venta por todo el mundo pero solamente las compra quienes las necesita.