Cinco consejos para ayudar al ambiente con tus hábitos alimenticios

Por: Cécile Adjamidis, Colectivo La Ciudad Verde.

Durante los últimos 20 años la población urbana ha crecido de manera acelerada, lo cual no ha ocurrido sin consecuencias, pues ahora las ciudades son responsables del 75% de las emisiones globales de carbono [1]. Uno de los sectores que más genera gases de efecto invernadero -GEI- es la cadena de producción de alimentos ¡hasta el 44% de nuestras emisiones son consecuencias del sistema alimentario!

Nosotros, los ciudadanos, necesitamos darnos cuenta de que tenemos el poder de cambiar las cosas: al cambiar nuestros hábitos de consumo incidimos de una manera decisiva sobre el mercado. Comprar un producto es también una acción política, con estas acciones decidimos en qué sociedad queremos vivir. A continuación te ofrecemos una serie de consejos que pueden ser de mucha utilidad y con los cuales puedes contribuir en la construcción de Ciudades Bajas en Carbono.

1. Consumir productos locales

En nuestra alimentación diaria consumimos productos de todas partes del mundo. Aunque es una ventaja indudable tener la posibilidad de comprar productos extranjeros (que muchas veces no son producidos en nuestro país), transportar estos alimentos largas distancias implica el consumo de diferentes tipos de energías fósiles: más pesticidas, más carburantes, más plásticos en el proceso de embalaje, más energía gastada por las industrias ferroviaria, naval y de carretera.

Mercados campesinos en Medellín, Colombia. Imagen: Cortesía.

 

Con el fin de limitar estas consecuencias de la industria alimentaria, en el año 2005 surgió un movimiento denominado como “locavorismo”, que promueve el consumo de alimentos producidos a nivel local: el consumidor disfrutará productos más frescos y sabrosos, mientras apoya las pequeñas empresas y la economía locales, en lugar de sostener a las grandes industrias multinacionales de distribución.

2. Consumir productos ecológicos

 

Puede afirmarse que las emisiones de carbono dependen más de los productos que escogemos comer que de la distancia recorrida por estos [2]. La agricultura orgánica o ecológica produce menos gases de efecto invernadero que los cultivos convencionales, ya que no generan las emisiones asociadas con fertilizantes y plaguicidas sintéticos [3][4]; también promueve prácticas como la labranza cero, la agrosilvicultura o los llamados cultivos de cobertura, prácticas que son reconocidas por almacenar carbono.

 

Estas prácticas originan condiciones favorables para muchas especies de fauna y flora [5], además implican una mayor fuerza laboral comparados con los sistemas agrícolas mecanizados y a gran escala [6] ¿Y que tal los beneficios para la salud? Es un asunto es muy debatido y los científicos ofrecen conclusiones divididas: por un lado, están quienes afirman que una mejor calidad de los productos orgánicos no sería suficiente para tener un impacto sobre nuestra salud; mientras que otros sostienen que el consumo de alimentos orgánicos sí contribuye en el momento de limitar los riesgos.

3. Consumir menos carne

 

La producción de carne es responsable de aproximadamente el 18% del efecto del cambio climático en el mundo [7]. La ganadería es un proceso que en gran parte de sus actividades implica emisiones de GEI: desde la energía necesaria para mantener los cultivos de los cuales se alimenta el ganado, pasando por los gases resultantes de la fermentación del rumen de los animales y llegando hasta el estiércol bovino. Es necesario además considerar la conversión de los bosques en tierras de pastoreo o en cultivos que se limitan a la producción de alimento para el ganado. Las actividades del sector ganadero, además de producir una gran cantidad de GEI y afectar la biodiversidad, implica el uso y la contaminación de importantes cantidades de agua.

 

El consumo de carne tiende a aumentar en muchos países del mundo, por lo cual la disminución del consumo propio puede ayudar a reducir los efectos de la ganadería sobre el medio ambiente. También sentiremos un aporte en nuestra salud: el exceso de grasas de origen animal y de carne roja está relacionado con enfermedades y algunos tipos de cáncer. Una alternativa está en escoger un tipo de carne cuya producción implique menores afectaciones al medio ambiente: la ganadería tiene un impacto mucho más importante en el ambiente que la industria avícola, por ejemplo [8].

4. Consumir más productos frescos

 

El procesamiento de los alimentos se produce generalmente en grandes empresas de alto consumo energético, donde los alimentos son cocinados, mezclados, congelados, secados o manipulados de diferentes maneras.

 

Los alimentos procesados implican una mayor cantidad de emisiones,

por parte de las industrias que los producen.

 

Los productos procesados suelen tener mayores cantidades de azúcar, grasas y sal que los alimentos recién preparados; ya que estos aditivos les añaden sabor y ayudan en el proceso de preservación. El incremento acelerado del sobrepeso y obesidad en el mundo está estrechamente relacionado con el aumento en el consumo de productos ultraprocesados: alimentos de paquete, bebidas, golosinas, entre otros [9].

 

5. Minimizar el consumo de productos demasiado empacados

 

Si bien es necesario reconocer que el embalaje protege la salud y mejora la seguridad de los alimentos, también debemos considerar que los empaques de alimentos tienen dos significativos impactos sobre el ambiente: primero, que se producen a partir de recursos terrestres (que en su mayoría no son renovables); y segundo, que después de su utilización se convierten en contaminantes de la naturaleza.

 

Los alimentos ultraprocesados no son nutritivos. Imagen: Cortesía.

 

Aunque es preferible escoger productos con pocos envases (pues no existe un embalaje perfecto, que no tenga impacto sobre el ambiente) debemos pensar siempre en una cosa: ¡Reciclar! Esta práctica necesita menos energía que producir y causa menos impactos en el calentamiento global, especialmente en el caso del plástico y el vidrio [10][11].

Cuestión de hábitos

 

Adoptar hábitos de alimentación más sostenibles y amigables con el ambiente no solo ayuda a luchar contra el cambio climático, sino que aporta a nuestra salud y la de nuestras familias. Es posible adoptar diferentes prácticas de alimentación si queremos alcanzar un consumo responsable: comer más productos frescos, adquirir preferiblemente pollo en lugar de carne de res, comprar alimentos orgánicos en mercados locales... Si tenemos en cuenta estas opciones y cambiamos algunos de nuestros hábitos ¡estaremos haciendo parte de la solución!

Fuentes y referencias

[1] Naciones Unidas, 2014

[2] Sonesson et al., 2010

[3] Scialabba et al., 2010

[4] Weiske et al., 2006

[5] Tuck et al., 2014

[6] FAO, 1998

[7] FAO, 2012

[8] De Vries et al., 2010

[9] Monteiro et al., 2014

[10] Krivtsov et al., 2004

[11] Bjorklund et al., 2005