#CaféSmart: Valladolid, ciudades y ciudadanos inteligentes... y café

Valladolid es una de mis ciudades favoritas. Tal vez por estar cercana a mí, tal vez por ser una ciudad joven y dinámica, tal vez por ser histórica y ancestral. Tal vez por eso y por mucho más. No lo sé explicar, pero siempre me atrajo Valladolid y hace algunos años que vengo a visitarla con cierta frecuencia. Para eventos, en negocios o por ocio, es siempre una experiencia renovadora ir a “Pucela”. Volví allí estos días, por invitación de un amigo, Fernando Burgos, que organiza una iniciativa interesantísima de Citizen Engagement:

#CaféSmart

 


Se trata de una tertulia, con invitados y ciudadanos que se inscriben, y en la que se debaten variadísimos asuntos relacionados con la Smart City.

La iniciativa, acogida por la administración de la ciudad (Municipio de Valladolid), se lleva a cabo en un espacio que fue pionero en España. Una Agencia de Desarrollo e Innovación.

Se trata de una estructura de apoyo al desarrollo económico de la ciudad, fomentando y apoyando el nacimiento de nuevos negocios con startups y pequeñas y medianas empresas, fortaleciendo bases sólidas de los emprendedores, iniciativa y creatividad entre los ciudadanos que, por motivos diversos, van allí en busca de apoyo y de orientación. Es sin duda un trabajo fantástico. Fue pionero. Fue creado y significó asumir a Valladolid como una de las ciudades más inteligentes de España, ganando importancia en sectores tan importantes como la movilidad y las energías alternativas. No olvidemos que es en Valladolid donde tienen sede los centros de investigación y excelencia y las fábricas de tres grandes marcas de automóviles europeas: Nissan, Renault y BMW. Es en Valladolid donde se desarrolla y se dirige mucha de la innovación en la movilidad eléctrica de estas tres marcas.

Cuando tomábamos café noté la gran diversidad de clases profesionales que se unieron a la iniciativa de Fernando. Arquitectos, ingenieros industriales, consultores, informáticos, ingenieros de medio ambiente, ingenieros de informática y telecomunicaciones y educación, etc. Este es el estado actual de las Smart Cities. Totalmente mainstream, abierto y transversal a todos los sectores económicos y sociales. Es una paleta colorida. Repleta de patrones y formas, cada una con su función, con su trazo y cada una con una expectativa a veces tan diferente y distante de otras. Son así las ciudades. La Polis. Es la cuna de todo. De la civilización, con todo lo bueno y lo malo. Con utopías, guerras, traiciones, ganancia, pobreza, crimen y maquiavelismo, pero también con altruismo, honestidad, creatividad, ciencia, amor y verdad.

En Valladolid me enfrenté con algunas incertezas sobre el futuro. Sí, tenemos problemas gravísimos en nuestra sociedad. Muchos de ellos fueron provocados por el lado malo de la humanidad. Tenemos todos noción de cuánto se habla ahora en la Smart City Humana, centrada en los ciudadanos, hay algo que parece seguir fallando. Precisamente, la participación ciudadana en los problemas, resolviéndolos más que creándolos.

Los últimos años, marcados por las crisis económicas, han fustigado a las nuevas generaciones con problemas que, si no son asumidos y controlados, pueden liquidar mucho de lo que las Smart Cities están pregonando. Ya no se invierte en educación, el desarrollo económico se estanca, la natalidad decrece, la población mayor aumenta, los jóvenes huyen a las grandes ciudades, las pequeñas ciudades enflaquecen, las grandes esconden a los sin techo y no los matan como animales porque todavía queda un pequeño resto de decoro. Pero los ciudadanos sin derecho a un hogar, a un empleo o a la salud, son ciudadanos condenados a una muerte lenta, cruel e infame. Si no es lo mismo, es peor…

Las nuevas generaciones de ciudadanos, las que van a  tomar cuenta de las ciudades dentro de algunos años no pueden ser peores que los que están manejando actualmente el timón. Pero, tristemente, noto en muchos un pesimismo lacerante. Yo tengo esperanza. A pesar de todo todavía hay ciudadanos interesados como este puñado de buena gente que me recibió en Valladolid.

Smart Citizens que, en última instancia, pueden contribuir para que una nueva inteligencia se vuelva, esa sí, mainstream: la consciencia de que a veces con poco se hace mucho y bien y que con mucho se hace poco y mal.

Volveré a Valladolid siempre que pueda. Una ciudad que inspira y respira. Aunque existan problemas y preocupaciones. Sólo existiendo verdadera voluntad de resolverlos habrá ciudadanos felices y ciudades felices. Hasta entonces, aguantémonos.