Alejandro Aravena, la ciudad colaborativa

Traducción: Guillermo Mas

¿La retención arquitectónica y la frugalidad pueden ser compatibles con la belleza y la calidad de una obra?

¿Cómo un barrio que se construye bajo la perspectiva de absorber tugurios, podría hacer eclosionar el vínculo social en el propio acto de su construcción?

¿Ecología, sobriedad y usos colectivos, pueden conjugarse con una estética urbana y social?

¿Es mejor hacer la mitad de una buena vivienda que la totalidad de un mal alojamiento?

 

Las respuestas aportadas por el arquitecto Alejandro Aravena, se traducen por sí solas en su obra, que ha sido reconocida por numerosas distinciones y premios, por ejemplo en 2016, el prestigioso premio Prtizker en tanto que:

“Pionero de una práctica colaborativa que produce poderosas obras de la arquitectura y trata también los principales desafíos del siglo XXI. Su trabajo integrado proporciona oportunidades económicas a los menos privilegiados, afectados por las catástrofes naturales, reduciendo el consumo de energía, y creando un espacio público acogedor. Innovador e inspirador, muestra qué y cómo la arquitectura puede mejorar la vida de la gente”. 

El concepto de media-casa lo ha hecho célebre con un antiguo barrio de chabolas, en el desierto de Chile: construir la estructura y las funcionalidades de la casa, y dejar a los habitantes a cargo de los acabados desde un enfoque colaborativo.

Una arquitectura social, ecológica, económica, todo manteniéndose bella, dando lugar al desarrollo del vínculo social en el barrio como un lugar de vida, es uno de los principales trazos de su contribución. Escuelas, campus universitarios, dormitorios, reconstruidos después de un tsunami, fueron parte de su obra con su estilo propio: “Pensar y construir mejores barrios es indispensable si queremos que el desarrollo rompa el círculo vicioso de la desigualdad”.

Una visión basada en la creatividad y el pragmatismo haciendo honor a una visión social de la arquitectura.