Agricultura urbana, el desafío de la Tierra

En Francia, una potencia agrícola europea, el Salón de la Agricultura acaba de cerrar sus puertas. Cita imprescindible del mundo rural, lugar de encuentro con el mundo urbano, y también popular entre los responsables políticos, pone en primer plano las problemáticas, de la madre tierra y de su explotación por el hombre.

El fenómeno urbano a transformado en profundidad las relaciones entre los hombres, el hábitat y la naturaleza. La emergencia y crecimiento de las grandes metrópolis, los desarrollos crecientes de sus infraestructuras pero también el efecto de atracción, a veces de hasta cientos de kilómetros alrededor, afectando a ciudades medianas y pequeñas localidades han llegado a alterar las relaciones entre nuestras vidas, los espacios urbanos, rurales y la biodiversidad en general. 

La cuestión se encuentra en el corazón de los retos de los próximos 50 años: ¿cómo alimentar a un planeta mayoritariamente urbano preservando al mismo tiempo la calidad de vida, la seguridad sanitaria, el medio ambiente y la biodiversidad? La utilización masiva de pesticidas, la contaminación de las aguas y la atmósfera, las emisiones de gases de efecto invernadero por la agricultura, contribuyen alrededor del 20%, la despoblación del campo, la disminución de las granjas y su concentración, el fenómeno conocido como «land grabbing» (la compra de terrenos en otros países para la importación de su producción) frente a los imperativos del aprovechamiento de nuestros recursos, de tener una cadena alimentaria virtuosa, de la protección de la naturaleza, de nuestros suelos y nuestros recursos hídricos, nos hacen reflexionar sobre el modelo de desarrollo de la agricultura y la relación con nuestras vidas urbanas.

Hagamos un zoom rápido sobre el «land grabbing», el acaparamiento de las tierras por empresas internacionales y también gubernamentales. Esta situación, acompañada igualmente de un «acaparamiento del agua », genera un efecto domino, en las poblaciones, privadas de sus tierras, y que nos encontramos en situación de pobreza extrema, con las tensiones sociales, guerras y alimentando el flujo de refugiados : esta propiedad extra territorial concierne a un territorio equivalente a 1 ½ de Francia, 80 millones de hectáreas, donde dos tercios se encuentran en el África Subsahariana, va a crecer aún más! Pero esto también sucede en otros lugares, como hemos podido constatar con la compra reciente de 1500 ha de tierras agrícolas en Berry por parte de inversionistas chinos. 

La disminución de tierras agrícolas es la consecuencia de varios factores y en particular la urbanización creciente, (se han doblado los terrenos urbanizados en Francia en 50 años), y la venta de las tierras por los agricultores por la presión del alza del precio de compra. Estas pérdidas son realizadas en favor casi irreversible de la ciudad, de la vivienda y de las infraestructuras.

La disminución de la superficie de tierras agrícolas no es un asunto específico de Francia y se viene prolongando durante varias décadas. El informe de la Unión Europea de 2012 concerniente a la relación entre tierra y urbanización, precisa que el recubrimiento por hormigón o asfalto, es una de las principales causas de degradación de los suelos. Cada año en Europa, las infraestructuras construidas se tragan más de 1.000 km2 de terrenos forestales. Efecto sistémico obligado, se trata de una de las razones principales del aumento del riesgo de inundación y de tragedias, de pérdidas de capacidad de reciclaje de la materia orgánica, de límites al crecimiento de las plantas. La pérdida de cubierta vegetal reduce también el almacenamiento de carbono, la regulación de las temperaturas y el clima, al igual que la producción de oxígeno.

La agricultura urbana está al orden del día, ahora más que nunca, ya que es uno de los sectores más prometedores en términos de capacidad a reinventar el vínculo entre la tierra y los hombres en una nueva forma de colaboración, de encuentro.

Nosotros no esperamos la autosuficiencia  alimentaria con la agricultura urbana pero ella nos permite poner en marcha los circuitos virtuosos de la economía circular con una optimización de nuestros recursos. Es también una forma de cultura: la de la tierra, del espíritu, del respeto por la naturaleza y los demás. Es volver a poner en valor el altruismo y la empatía, con la naturaleza como hilo conductor.

«Re Ensalvajar» la tierra, es la propuesta de su libro de 2016 «Half Earth» del célebre biólogo E.O. Wilson pero también «reinventar la tierra urbana» y como señala William Lynn «si queremos responder a las necesidades fundamentales de los hombres (y de la Tierra), hace falta transformar las ciudades en lugares de vida sostenibles y agradables ». De ahí las iniciativas como el índice de biodiversidad urbana, («City Biodiversity Index, CBI »), un indicador creado para evaluar la biodiversidad urbana, adoptado por la conferencia de Nagoya de 2010. 

La investigación de la universidad de Berkeley conducida por Anne Thebo y publicada por «Environmental Research Letters» muestra que el 40% de las tierras cultivables en el mundo están situadas cerca de las ciudades. «67 millones de hectáreas cultivadas para la alimentación están también en la proximidad de las ciudades, significando el 5,9% del total de las tierras cultivables en el mundo. Si se añaden las zonas periurbanas, en un radio de 20km alrededor de las ciudades, el montante es de 456 millones de hectáreas, por tanto, más del 40% de los cultivos mundiales. Y, sin embargo, la cifra puede estar subestimada, porque el estudio considera solamente las ciudades de más de 50.000 habitantes ».

Montreal y el 42% de sus habitantes que practican la agricultura urbana son ejemplares, Singapour con sus Sky Greens, granjas verticales, teorizadas por el profesor Dickson Despommier, de la universidad de Columbia en Nueva York, profeta de la «agricultura vertical», a la que ha consagrado un libro («Vertical Farm», 2010) y un blog (http://www.urbanag.ws/), Brooklyn Grange en Nueva York, la huerta en una terraza más grande del mundo, las ensaladas de Farmed Here, en Chicago, el renacimiento de Detroit con el trabajo urbano colectivo agrícola, la granja acuapónica de Anderlecth en Bélgica, la jardinería cooperativa de Ciudad del Cabo, pero también la revolución «peas & loves», «Incredible Edible», los «increíbles comestibles», de la ciudad de Todmoden en 2008, en Inglaterra, devastada por la crisis y dando lugar a la reapropiación del campo y de la tierra y sus cultivos con una ciudad convertida en un jardín comunitario, un bien común, y convertida en una iniciativa de recuperación, ejemplo para el mundo entero. Pero también están las iniciativas de Paris, el permacultivo en Montreuil, las experiencias de Nantes, el papel social de los mercados en las ciudades y de manera general, más y más importante en el mundo entero.

Por coincidencia, el 7 de marzo conmemoramos el 88 aniversario de la muerte de una personalidad francesa sin igual, el abad Jules Lemire, demócrata, humanista, alcalde de Hazebrouck, hombre de acción quien luchó por los desfavorecidos. Su nombre siempre estará ligado a los jardines abiertos de los que el fue el creador.

Homenaje al precursor y pionero de la agricultura urbana.